Cincuenta años no se cumplen todos los días, y unos inmigrantes ahogados no iban a estropear -perdonen la redundancia- la celebración de Matteo Salvini. Seguramente el vicepresidente italiano hubiera preferido que 50 fueran también los fallecidos a lo largo de la costa italiana, así que en lugar de soplar velas hubiera soplado ataúdes, eso sería original. No puede ser, los muertos ya rondan los 75, esos indeseables que vienen de otros mundos a fastidiar a los buenos italianos no son ni siquiera capaces de comportarse en una cosa tan simple como no excederse en el número de muertos. Ese desplante de los inmigrantes no iba a torcer el ansiado festejo, así que, con los cadáveres aún hinchados por el agua salada, Salvini se fue al karaoke.
Un karaoke es la forma más hortera que se me ocurre de celebrar un cumpleaños, aunque sabrán, que por algo son los italianos y son ellos los que marcan la moda. Lo mismo es lo más adentro, y yo sin saberlo. Si bien Salvini -con la inestimable colaboración de Presidente Meloni a los coros– hizo el ganso bramando frente a una pantalla, seguían llegando cuerpos a la costa, lo que confirma que los inmigrantes no tienen respeto ni siquiera por los niveles más altos del Estado, son capaces de morir solo para fastidiar al poder. Bueno, nada de eso -pensaba Salvini desde la atalaya de sus recientes 50-, cuanto más insistan en ahogarse, más fuerte cantaré para demostrar quién manda. Estuve ahí también Berlusconi, pero eso apenas ha sido noticia, porque todos saben que donde hay un micrófono y una canción, ahí aparece don Silvio, a menos que haya señoras en otro lugar cercano, primero lo primero. La fiesta de cumpleaños había comenzado unas horas antes, cuando la comitiva de Salvini, Meloni y el canciller Tajani fue recibida por cientos de manifestantes que arrojaron peluches en sus autos, un regalo que -es justo reconocerlo- ni siquiera está pintado para alguien que tiene en el karaoke el sumun de la diversión. Las agencias de noticias no especifican si, además de peluches, a Salvini le regalaron sonajeros, libros para colorear, un caballito de cartón y una marioneta para que no pase frío en las gélidas noches del norte de Italia.
El mejor regalo, sin embargo, se lo trajo el mar, en forma de cadáveres extranjeros, por lo que la canción elegida para conmemorar su cumpleaños no fue el querido 'Feliz Cumpleaños', sino ’La canción de Marinella', que trata precisamente de un inmigrante calabrés que se ahoga en un río queriendo llegar al norte, nada menos que al norte, donde Salvini comanda su Lega. A falta de canciones con inmigrantes africanos ahogándose en el mar, el vicepresidente se tuvo que conformar con la de un 'terrone' ahogándose en un río, no es que a su juicio la diferencia sea mucha, es decir, la diversión no es corto.
Hace cinco años, cuando era Ministro del Interior, Salvini propuso hacer un censo de gitanos, lamentablemente no pudo redondear tan brillante idea en el karaoke, ya que no pudo encontrar ninguna canción que hiciera referencia al tema en cuestión. A lo sumo encontraría uno sobre judíos, pero compuesto en Alemania en los años 30, demasiado viejo y con poco ritmo para karaoke. Lamentó, eso sí, que los gitanos italianos no tuvieran más remedio que quedarse en Italia, un auténtico fastidio para alguien de la Lega, lo suyo sería meterlos en barcas a ver si corrían la misma suerte que los africanos, y luego eso sí, entonces celébralo como se ordenó, con una canción sobre ahogarse. Mientras eso no fuera posible, lanzó la idea del censo, que es mejor tener empadronados a los gitanos, payo.
Los matrimonios entre personas del mismo sexo tampoco son de su agrado, es claro que este hombre debe vivir permanentemente de mal humor, de ahí su imperiosa necesidad de cantar de vez en cuando, para aliviar su cuerpo de penas. Con todo ese trasfondo, No es nada raro que Salvini mostrara públicamente su apoyo a Donald Trump durante su campaña. Y menos extraño aún que un representante de su partido, la Lega Norte, se reuniera en Bruselas con el prófugo expresidente catalán Carles Puigdemont. No fue Salvini en persona porque, entre todas las comodidades de las que disfruta Puigdemont en el palacete de Waterloo, no hay ni siquiera un mísero karaoke casero, sólo un piano para que el otro fugitivo toque escalas, Toni Comín, y con eso nadie se divierte. Que un partido que expulse a los gitanos, que clame contra los inmigrantes y que apoye a Donald Trump esté en buenos términos con Junts per Catalunya, es lo más natural, si pudieran cantaran juntos 'Amigos para siempre' en un karaoke.










