La República Dominicana ha ordenado la expulsión de diez diplomáticos cubanos y sus familias, sumándose así a una serie de medidas similares adoptadas recientemente por países como Ecuador y Costa Rica. Aunque las autoridades dominicanas no han especificado las razones concretas, el Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex) ha señalado que la decisión se ampara en las facultades reconocidas por el derecho internacional y la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. Esta situación marca un giro notable en las relaciones bilaterales entre ambos países, históricamente cercanos.
El anuncio se produce en un contexto regional donde varios países han tomado medidas drásticas contra la presencia diplomática cubana. Ecuador, por ejemplo, declaró persona non grata a todo el personal cubano en marzo de 2026, alegando injerencia en asuntos políticos internos y actividades violentas. Por su parte, Costa Rica optó por reducir sus relaciones con Cuba a nivel consular, citando preocupaciones sobre los derechos humanos y las libertades fundamentales en la isla. Estas decisiones han generado tensiones y han sido criticadas por el gobierno cubano, que las atribuye a presiones ejercidas por Estados Unidos.
En el caso dominicano, la falta de claridad sobre los motivos de la expulsión ha despertado especulaciones. Fuentes oficiales insisten en que la medida responde a aspectos legales y de seguridad nacional, sin entrar en detalles específicos. Sin embargo, el gobierno cubano ha rechazado tajantemente la decisión, calificándola de injustificada y asegurando que sus diplomáticos siempre han actuado conforme a las normas internacionales. Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, ha acusado a las autoridades dominicanas de someterse a influencias externas, en una clara referencia a Estados Unidos.
Este episodio se suma a un historial de conflictos diplomáticos entre Cuba y otros países. En 2017, Estados Unidos expulsó a decenas de funcionarios cubanos tras alegar incidentes que afectaron la salud de su personal diplomático en La Habana. Aunque cada caso presenta particularidades, el patrón de expulsiones sugiere un clima de tensión creciente en las relaciones regionales con Cuba.
La decisión dominicana podría tener repercusiones políticas y sociales, tanto a nivel interno como internacional. En el ámbito doméstico, podría generar debates sobre la independencia de la política exterior del país frente a las presiones de potencias extranjeras. A nivel regional, el hecho podría profundizar las divisiones entre gobiernos con posturas divergentes hacia Cuba.
El gobierno cubano ha dejado claro que no aceptará pasivamente estas medidas y seguirá defendiendo su posición en foros internacionales. Mientras tanto, las autoridades dominicanas mantienen su postura, destacando que la decisión se basa en consideraciones de soberanía y respeto al derecho internacional. Este episodio podría ser un punto de inflexión en las relaciones entre ambos países, con posibles implicaciones a largo plazo en el escenario geopolítico de la región.








