Mujeres dominicanas enfrentan barreras machistas para llegar a la presidencia
A pesar de los avances en igualdad de género, las mujeres en República Dominicana siguen chocando contra un muro de resistencia machista para alcanzar la presidencia. Expertas denuncian que los partidos políticos, dominados por hombres, les niegan financiamiento, espacios de poder y oportunidades justas.
Rosario Espinal, reconocida politóloga, no duda en señalar el problema: "Los hombres no quieren ceder espacios de poder a las mujeres. Les ponen trabas en financiamiento y acceso, incluso hacen trampas". Mary Fernández, abogada especializada, agrega que las mujeres son relegadas a "un segundo plano" en las estructuras partidistas, mientras los hombres acaparan las candidaturas y cargos clave.
Olaya Dotel, otra analista política, coincide: "Los partidos tienen estructuras internas que colocan en desventaja a las mujeres". El resultado es evidente: en más de 80 años de derecho al voto femenino, solo dos mujeres han competido formalmente por la presidencia (Virginia Antares y María Teresa Cabrera en 2024), y ninguna ha ganado.
Aspiraciones en marcha
El tema resurge ahora que la vicepresidenta Raquel Peña y la alcaldesa de Santo Domingo, Carolina Mejía, han expresado sus ambiciones presidenciales. Pero los obstáculos no son solo políticos, sino culturales. Politólogos como Iván Gastón y Nelson Espinal Báez señalan que el machismo arraigado en la sociedad dominicana sigue siendo la mayor barrera.
Un historial de exclusiones
Desde que en 1942 las mujeres dominicanas obtuvieron el derecho a votar y ser elegidas —bajo el régimen de Trujillo—, su presencia en altos cargos ha sido mínima. Solo tres han llegado a la vicepresidencia: Milagros Ortiz Bosch, Margarita Cedeño y la actual Raquel Peña. Cedeño intentó ser candidata presidencial en 2021, pero perdió la interna de su partido frente a un hombre.
Mientras, en las elecciones de 2024, los partidos tradicionales volvieron a inclinarse por candidatos masculinos. Expertos advierten que, sin cambios estructurales en los partidos y una mayor presión social, la primera presidenta dominicana podría tardar años en llegar.







