El hacinamiento en la Penitenciaría Nacional La Victoria es vox populi (voz del pueblo). Para las autoridades no es un misterio el estilo de vida de alrededor de 7.574 internos, cuando su capacidad general de alojamiento ha sido siempre para 2.103 internos, es decir, hay 5.471 internos por encima de lo establecido, según datos recabados. en el informe estadístico del mes de enero de 2023, publicado por la Dirección General de Servicios Penitenciarios y Correccionales del Ministerio Público.
Desde hace unos años, las intenciones de modernizar el histórico penal La Victoria se han empañado. El último soplo de esperanza para los más de 7.000 internos fue el traslado al Centro de Corrección y Rehabilitación Las Parras, sin embargo, por decisión de las autoridades, ese centro fue ocupado por los casos de corrupción de la Operación Medusa.
Hasta entonces, las mínimas ilusiones se desvanecieron. Ahora, en lugar de velar por la vida de esos reclusos, Las Parras es presa de la mayor negligencia gubernamental, luego de haber gastado más de seis mil millones de pesos en la construcción de ese entramado penitenciario.
Una madre desolada llora mientras conversa con su hijo privado de libertad, un recluso contagiado de lupus, mientras se queja de la “injusticia” que, según él, cometieron unos vecinos en su contra y que lo ha marcado de por vida; mientras un grupo de siete o nueve presos observa quién entra y sale de La Victoria y decenas de reclusos pasean como si estuvieran en el "patio de su casa". Ese era el escenario de un día cualquiera en esa prisión tradicional.
El penal parece una 'tierra de nadie', porque, desde la entrada hasta el más pequeño rincón, el panorama se ve contaminado por su descuido. Además, en las afueras, donde está la puerta principal de acceso, hay un basurero y unas aguas negras que te quitan el aliento.
Asimismo, el área donde los funcionarios penitenciarios controlan a los visitantes destaca por esas condiciones que se pueden resumir en dos palabras: suciedad y abandono.
Pasadas las 10:00 de la mañana, los periodistas de Express Diario ya se encontraban dentro de la cárcel, luego de pasar el acostumbrado control policial.
Sin saber a dónde iban y sin un oficial esperándolos, un preso grita: "Yo te llevo". Pero, el policía a cargo de la entrada le ordena buscar a un oficial para que los guíe a la oficina del director interino del penal, José Osvaldo Cabrera Ventura. “Ya son míos”, dice con autoridad el mayor Céspedes, subcomandante del recinto, al recibirlos en el segundo piso del edificio.
Los esperaba el Director del Centro Penitenciario, el Subdirector de Asistencia y Tratamiento, Rafael Mejía, conocido como “El Bailarín” y el Subdirector de Seguridad, Ariel Mejía. Los visitantes no se conformaron con información preliminar y miradas atónitas. Desde un inicio expresaron su deseo de visitar no solo los lugares tradicionales y emblemáticos, donde viven los internos que disciplinadamente aceptan esa realidad, sino también algunos sitios de alto riesgo, de puro caos años atrás.
El director interino no tiene reparos en decir la verdad: "La Victoria es un reflejo representativo de la sociedad (…), es la imagen de lo que somos".
Osvaldo Cabrera define esa prisión como una "comunidad", ya que su hacinamiento, de más de 7.000 reclusos, la hace parecer 'un barrio marginado', en el que seres humanos castigados por la justicia viven de manera similar a 'sardinas enlatadas'.
Sin embargo, su relato cambia de tono cuando afirma: “La carencia que se ve en el país también se va a reflejar en la cárcel”.
Ante esta realidad, Cabrera revela que las autoridades carecen de la posibilidad de identificar los motivos por los que ha llegado un recluso a La Victoria. Y explica: “Todos son tratados por igual, sin distinción, somos solidarios y entendemos la realidad de cada uno y luchamos para que tengan los mismos derechos y deberes. Solo se separan cuando no aceptan nuestra mano y deciden asumir otro tipo de actitud.
En La Victoria hay sólo 3.664 internos “sentenciados” de los siete mil o más internos. Por eso el número de mayor relevancia es el de los internos “preventivos” con aproximadamente 3,910 presos, entre dominicanos y extranjeros. En estos casos, se mantienen allí hasta que una sentencia así lo determine o no.
El elevado número de internos que esperan la sentencia judicial para cumplir o no su condena es un problema judicial. No hay otro lugar para guardarlos como preventivos. Las autoridades señalan que por ello se esfuerzan para que los internos vivan en paz y entiendan que la justicia tiene sus procedimientos que deben cumplir.
En el mes de enero, seis internos salieron de La Victoria: uno fue trasladado -se desconoce el cambio de sede-, mientras que diecisiete ingresaron a ese penal, según la Fiscalía General de la República.
En el centro penitenciario se siguen los pasos de la Dirección General de Prisiones. El director interino asegura que no son "habituales" indagar sobre los motivos por los que llegan los internos, sino que tratan de cumplir con las ordenanzas penitenciarias y lograr que se sientan humanizados, independientemente del motivo por el que llegan. .
“Somos soldados”, así se describen los agentes allí destacados. En los últimos tiempos solo se ha conocido una fuga de la prisión.
Ocurrió de noche y se desplegó un operativo para intentar devolverlo a su estado. La seguridad de la prisión está garantizada. Asimismo, dentro del penal está prohibido el uso de Internet, sin embargo, muchos internos cuentan con esta conexión.
Los internos tienen derecho a la televisión, tanto individual como privada, y para que la señal sea lo más clara posible, se les permite, con la debida autorización y asesoramiento de las autoridades, colocar pequeñas antenas para mejorar la imagen que llega a través de las señales de los diferentes canales de televisión.
En La Victoria existen bibliotecas, gimnasios, talleres de música, ebanistería, artes plásticas, iglesias, escuelas y muchos otros espacios donde las ramas del saber están al alcance de quienes deseen pasar su tiempo en reclusión en actividades útiles que ocupar sus mentes. .
Además, hay un área especial para los reclusos recién llegados. Allí se quedan unas dos semanas para hacerles pruebas, estudios psicológicos y, sobre todo, ver el tipo de comportamiento que traen de la calle y la forma que aceptan para adaptarse a su nueva vida.
Los reclusos deben usar pantalones cortos, mientras que los instructores usan camisetas azules. Con esta medida se distingue a los internos. Además, les enseñan a ser afables, disciplinados ya comprender la importancia de mantener un perfil bajo.
La Victoria es también una prisión internacional, donde conviven con nacionales: holandeses, jamaicanos, cubanos, peruanos, venezolanos, colombianos, alemanes, italianos, haitianos, españoles y otros extranjeros.
Hay algo a tener en cuenta sobre los encarcelados allí: son seres humanos que han quebrantado el orden y por lo tanto deben cumplir condena.
Pero hay que entenderlos, aceptarlos tal y como son y tratar de incorporarlos a la sociedad como elementos útiles.







