Se anuncia que Porcelana se convertirá en el primer poder economico mundial en algún momento de los próximos años. Ya está en el umbral de renta per cápita en el que el Banco Mundial sitúa a los países desarrollados, pero dependiendo de su grado de éxito y relaciones, antes de 2050 es muy probable que supere a la gran potencia americana. Con este pronóstico en el bolsillo, el presidente xi jingin se fortaleció en el último congreso de octubre y con ello China encara ahora la estrategia para hacer posible su lanzamiento no sólo como potencia económica, sino también diplomática y estratégica.
Ese es el sentido de la propuesta de paz para Ucrania, un conflicto sistémico que afecta a todo el planeta, sea al precio de energía o por la escasez grano. Aunque por ahora no hay lugar para la paz, la propuesta de China no es baladí ya que abrir el cuadro de diálogo y la sitúa en el centro de las relaciones internacionales para reposicionarse ante un posible bloqueo estadounidense por la batalla económica o un aumento de la tensión con Taiwán. Con la idea de mediar en el conflicto de Ucrania, Xi Jinping, además de viajar a Rusia, ha abierto las puertas de su país a Olaf Scholz, Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, los principales líderes del panorama europeo.
No es casualidad, China no solo está interesada en traer Europa a un posible futuro acuerdo de paz, también quiere mandar una señal al mundo y en el espacio a su rival EE.UU. No es un cambio radical, pero el país más poblado del mundo se abre más a la relación e intercambio entre sus ciudadanos y la economía del viejo continente en tiempos donde los intereses globales se reubican. Para Europa podría ser un salvavidas en caso de que la Casa Blanca sucumba nuevamente a la tiranía de Donald Trump. China sigue siendo un modelo autoritario muy alejado de nuestra cultura, pero ante una nueva etapa de relaciones peligrosas e impredecibles con la Casa Blanca, empezando por su implicación en Ucrania, ¿quién sería más fiable? El nuevo camino chino va por ese camino.









