Keiko Fujimori asume la presidencia de Perú con mensaje de continuidad neoliberal y alianza con gobernantes conservadores

Keiko Fujimori asume la presidencia de Perú con mensaje de continuidad neoliberal y alianza con gobernantes conservadores

Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú en una ceremonia con fuerte simbolismo internacional, destacando la presencia del Rey Felipe VI de España y varios mandatarios conservadores de la región. El evento buscó proyectar estabilidad, pero dejó en evidencia las profundas divisiones políticas y sociales que enfrenta el país sudamericano.

La ceremonia de investidura, celebrada el 28 de julio en el Congreso peruano, reunió a figuras como el argentino Javier Milei, el ecuatoriano Daniel Noboa y el chileno José Antonio Kast, quienes acompañaron al monarca español en un claro gesto de apoyo al nuevo gobierno de derecha. Fuera del recinto, manifestantes protestaron contra un mandato que consideran continuista con las políticas neoliberales.

En su discurso, Fujimori defendió el modelo económico vigente desde los años 90, prometiendo más seguridad, inversión privada y crecimiento. Sin embargo, evitó mencionar los conflictos sociales persistentes o las críticas a la represión policial durante las protestas anteriores, que dejaron decenas de muertos.

La presencia protocolar del Rey Felipe VI adquirió especial relevancia, reflejando los vínculos del nuevo gobierno con las élites económicas y los sectores más conservadores. Observadores destacan que esta alineación ocurre cuando Perú enfrenta una grave crisis de representación política y altos niveles de descontento popular.

Mientras el gobierno promete atraer capitales extranjeros, especialmente en minería e infraestructura, organizaciones sociales denuncian que estas políticas han profundizado la desigualdad durante décadas. El desafío para Fujimori será administrar un país dividido, donde las protestas y conflictos territoriales siguen activos pese al discurso oficial de reconciliación.

La toma de posesión marca el retorno al poder de la dinastía Fujimori, 24 años después de que su padre, Alberto Fujimori, dejara el gobierno entre acusaciones de corrupción y violaciones a los derechos humanos. Analistas internacionales ven en esta ceremonia un realineamiento de Perú con los gobiernos derechistas de la región, en momentos de creciente polarización política en América Latina.

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