Keiko Fujimori asumió este martes la presidencia de Perú tras ganar las elecciones por un estrecho margen, consolidando el giro hacia la ultraderecha en América Latina con el respaldo de figuras como Javier Milei y otros líderes conservadores. La hija del expresidente Alberto Fujimori prometió continuar las políticas neoliberales de su padre, enfatizando el orden público y alineándose con intereses estadounidenses.
La ceremonia de investidura en Lima reunió a una coalición de líderes de derecha, incluidos los presidentes Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay) y el español José Antonio Kast. El rey Felipe VI de España también asistió, simbolizando el apoyo europeo al nuevo gobierno. Horas antes, Fujimori mantuvo un encuentro clave con el presidente argentino Javier Milei, quien promueve una alianza regional ultraderechista.
Milei, en gira por Sudamérica, llegó procedente de Brasil, donde respaldó la campaña de Flavio Bolsonaro. Su agenda incluye luego Colombia, donde asistirá a la toma de posesión de Abelardo De la Espriella. Analistas señalan que estos movimientos buscan fortalecer un bloque proestadounidense frente a gobiernos progresistas.
Fujimori hereda un país con graves crisis: el 25% de peruanos vive en pobreza y el 70% de trabajadores sufre precariedad laboral. Su plan profundizará el extractivismo y la flexibilización laboral, siguiendo el modelo de su padre, quien fue condenado por corrupción y violaciones de derechos humanos durante su mandato en los 90.
La llegada de Keiko al poder marca un nuevo capítulo en la polarización política peruana y refuerza la ola conservadora que avanza en la región bajo el paraguas de Washington.

