Los resultados de las elecciones legislativas de Israel han dejado un parlamento profundamente dividido, con el bloque liderado por el primer ministro Benjamin Netanyahu a la cabeza, pero sin alcanzar la mayoría necesaria para formar gobierno. Con el 85% de los votos escrutados, la coalición de Netanyahu, encabezada por el partido Likud, ha obtenido 53 bancas, mientras que la oposición liderada por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot suma 48. Los partidos árabes han sido la sorpresa de la jornada, logrando 19 escaños y convirtiéndose en un factor clave en las negociaciones para definir el próximo gobierno.
Israel enfrenta un escenario político complejo, en el que ninguna de las dos coaliciones principales alcanza por sí sola los 61 escaños requeridos para gobernar. Esto deja en manos de los partidos árabes, agrupados en la Lista Conjunta y el partido islamista Ra’am, la posibilidad de inclinar la balanza hacia uno u otro bloque. Netanyahu, quien ha dominado la política israelí durante años, busca mantenerse en el poder para proteger su liderazgo y enfrentar las causas judiciales por corrupción que lo persiguen.
La elección se desarrolla en un contexto de creciente tensión internacional, marcado por la guerra en Gaza, la expansión de la violencia en Cisjordania y el aislamiento diplomático de Israel. Los partidos árabes han logrado un récord histórico de representación parlamentaria, reflejando el aumento de la participación de los ciudadanos árabes israelíes, quienes han acudido a las urnas en medio de campañas de intimidación y hostigamiento.
Los sondeos previos sugerían un mayor avance de la oposición liderada por Eisenkot, pero los resultados oficiales muestran un retroceso respecto de las expectativas iniciales. El Likud de Netanyahu, aunque sigue siendo el partido más votado, ha perdido terreno respecto a las elecciones anteriores, reduciendo su presencia parlamentaria de 32 a 26 bancas. Este resultado pone en duda la capacidad del primer ministro para reconstruir una coalición de gobierno estable.
Mientras tanto, la oposición busca capitalizar el desgaste político de Netanyahu. Sin embargo, un eventual cambio de gobierno no implicaría necesariamente un giro en las políticas hacia el conflicto palestino. Eisenkot, como exjefe militar, representa al establishment sionista y no propone cambios significativos en la ocupación de los territorios palestinos.
El crecimiento de los partidos árabes ha añadido un nuevo elemento de incertidumbre a las negociaciones. Su líder ha declarado estar dispuesto a "allanar el camino para derrocar al gobierno de Netanyahu", pero cualquier acuerdo con la oposición podría enfrentar la resistencia de la ultraderecha sionista. Esto expone una contradicción central en la política israelí: mientras sectores del establishment buscan desplazar a Netanyahu, también intentan excluir a los partidos árabes de las decisiones clave.
El presidente Isaac Herzog será el encargado de encomendar la formación de gobierno al candidato que considere con mayores posibilidades de reunir apoyos. Si las negociaciones fracasan, Israel podría enfrentar nuevas elecciones en un clima de creciente polarización y tensión internacional. El resultado de estas elecciones no solo definirá el futuro político del país, sino que también podría tener implicaciones significativas para el conflicto palestino y las relaciones de Israel con el resto del mundo.








