La coalición oficialista de ultraderecha en Israel ha lanzado una ofensiva para impugnar los resultados electorales, tras el histórico avance de los partidos políticos palestinos con ciudadanía israelí. En unas elecciones con una participación récord del 78%, las fuerzas árabes lograron 19 escaños en el parlamento: 12 para la Lista Conjunta y 7 para el partido islamista Ra’am. A pesar de las acusaciones de fraude por parte del partido Likud, el Comité Electoral Central confirmó la validez de los comicios, subrayando que los resultados son vinculantes.
El presidente israelí, Isaac Herzog, inició este miércoles las consultas oficiales para formar gobierno, reuniéndose primero con los partidos más pequeños, entre ellos el Sionismo Religioso, liderado por la ministra de Asentamientos, Orit Strock. Durante estas reuniones, Herzog advirtió al ex primer ministro Benjamin Netanyahu sobre la violencia descontrolada de los colonos en Cisjordania ocupada, señalando que esta impunidad genera una situación explosiva que podría llevar a un mayor aislamiento internacional de Israel y provocar una resistencia más firme por parte de los palestinos.
En el ámbito parlamentario, el partido árabe Ra’am confirmó su apoyo al líder opositor Gadi Eisenkot para que intente formar gobierno. Sin embargo, la Lista Conjunta aún no ha tomado una posición definitiva, y es probable que se abstenga de respaldar al bloque opositor. Este bloque, a su vez, incluye partidos que rechazan colaborar con las fuerzas árabes, lo que complica aún más las negociaciones.
Las tensiones políticas también han llegado a las agencias de inteligencia. El director del Shin Bet, David Zini, enfrenta críticas por impulsar investigaciones contra parlamentarios y partidos árabes, acusado de actuar bajo la influencia de Netanyahu. Los críticos advierten que estas acciones podrían exacerbar las tensiones con la comunidad palestina-israelí, que en estas elecciones votó masivamente para hacer oír su voz.
Mientras tanto, la violencia en Cisjordania y Gaza no cesa. Los ataques del ejército israelí y los colonos armados contra los palestinos continúan, agravando la crisis humanitaria en Gaza tras tres años de operaciones militares. Esta situación se desarrolla en un contexto internacional complicado para Netanyahu, marcado por la derrota de Donald Trump y el Partido Republicano en las elecciones de medio término en Estados Unidos, un resultado que refleja el rechazo global a las políticas israelíes en Palestina y el conflicto con Irán.
El panorama político en Israel se presenta cada vez más fracturado, con implicaciones profundas tanto a nivel interno como internacional.











