La República Dominicana enfrenta una crisis institucional en 2026 debido a la falta de compromiso político con el legado de Juan Pablo Duarte y los Trinitarios, según advierte el escritor y politólogo Francisco Miguel Herrera. La aparente estabilidad del país, respaldada por factores externos y una ciudadanía desvinculada, oculta una fragilidad estructural que pone en riesgo el proyecto de nación soberana iniciado en 1844.
Herrera, conocido por su análisis crítico de la política dominicana, sostiene que la estabilidad actual no se basa en instituciones sólidas ni en líderes comprometidos con el bien común. En cambio, señala que esta se sostiene por la influencia de actores externos, como Estados Unidos, y por la penetración del narcotráfico en las estructuras políticas y económicas. Además, critica la manipulación de una población con baja educación política, vulnerable a prácticas como la compra de votos y las dádivas.
El panorama económico tampoco es alentador. Aunque organismos internacionales proyectan un crecimiento entre 3.6 % y 4.5 % para 2026, Herrera destaca que la economía dominicana sigue siendo vulnerable a factores externos, como la incertidumbre global y la política comercial estadounidense. El Producto Interno Bruto (PIB) cerró 2025 con un modesto 2.5 %, lejos del histórico 5 %, y la inflación proyectada para este año es del 4 %, aunque en noviembre de 2025 ya alcanzaba el 4.84 %.
La dependencia excesiva del turismo, sector sensible a las percepciones de seguridad y estabilidad, también representa un riesgo. El comercio mundial, que crecerá solo un 0.5 % este año, afectará directamente las exportaciones dominicanas. Herrera advierte que la inversión pública, que oscila entre el 1.5 % y el 2.5 % del PIB, es insuficiente para sostener el crecimiento y mejorar servicios esenciales como la movilidad urbana y los servicios públicos.
Expertos como Henry Hebrard, César Dargán y Rosario Espinal coinciden en que la economía dominicana sigue siendo frágil y está condicionada por eventos internacionales y la crisis en Haití. Hebrard señala que, aunque 2026 comenzó mejor que 2025, el país sigue expuesto a riesgos externos. Dargán enfatiza la influencia de Estados Unidos y la situación haitiana, mientras que Espinal destaca los persistentes problemas en servicios públicos y movilidad urbana que afectan la percepción social.
En este contexto, Herrera insiste en que la estabilidad macroeconómica no refleja la realidad social del país, donde se observan retrocesos cotidianos. La falta de una clase política comprometida y la subordinación a intereses externos y empresariales continúan socavando el proyecto de nación libre y soberana que los Trinitarios imaginaron hace casi dos siglos.
La situación actual exige una vigilancia constante y una revisión profunda de las políticas públicas para evitar que la fragilidad estructural se convierta en una crisis irreversible. El llamado de Herrera y otros expertos resuena como una advertencia clara: sin cambios significativos, el futuro de la República Dominicana seguirá siendo incierto.
