Durante meses, distintos gobiernos europeos han insistido en que sus ciudadanos deben estar preparados para afrontar emergencias: almacenar alimentos y agua, disponer de medicamentos, preparar una mochila con artículos esenciales y tener capacidad para sobrevivir al menos 72 horas sin ayuda externa.
En noviembre, la Unión Europea volvió a reforzar esas recomendaciones. Y ahora, en medio de la escalada militar, Irán anuncia que ha levantado el límite voluntario de 2,000 kilómetros que mantenía para el alcance de sus misiles balísticos.
¿Son hechos aislados? No necesariamente. Ambos reflejan un escenario internacional en el que los propios gobiernos están tomando más en serio los riesgos de una crisis de grandes dimensiones.
La advertencia iraní tampoco debe interpretarse como prueba de que Teherán ya dispone de misiles capaces de alcanzar cualquier punto de Europa. De hecho, no se conocen misiles iraníes operativos que superen actualmente los 2,000 kilómetros. Pero eliminar voluntariamente esa restricción cambia el escenario de sus futuras capacidades militares.
Aquí hay una pregunta que merece hacerse: ¿qué saben los gobiernos sobre los riesgos que enfrenta el mundo y qué escenarios están contemplando que los ciudadanos quizás todavía no dimensionan?
Preparar una mochila de emergencia no significa que una guerra mundial sea inevitable, ni que debamos vivir con miedo. Pero tampoco parece sensato ignorar las señales de un contexto internacional cada vez más inestable.
Cuando los gobiernos recomiendan a sus ciudadanos prepararse para pasar varios días sin servicios esenciales, lo razonable es prestar atención, informarse y tomar precauciones.
La pregunta no es si debemos entrar en pánico, sino si estamos preparados para afrontar una crisis que nadie puede descartar.








