Turquía enfrenta una crisis climática sin precedentes mientras se prepara para albergar la cumbre COP31 en Antalya. Las peores lluvias en 80 años azotaron el país a mediados de octubre, causando ocho muertos en Estambul y daños estimados en más de 200 millones de euros. Desde entonces, el país vive un otoño casi tropical, con tormentas diarias, pequeños huracanes y tornados que han dejado cuatro fallecidos más.
La situación ha puesto a Turquía, como otros países mediterráneos, en primera línea de la crisis climática global, con veranos secos y propensos a incendios forestales, seguidos de otoños de lluvias torrenciales e inundaciones. El gobernador de Antalya, Hulusi Sahin, alertó sobre fenómenos extremos, como tornados capaces de arrojar piezas de metal a cientos de metros, impactando incluso una guardería.
Los científicos atribuyen estas lluvias intensas al aumento de la temperatura del Mediterráneo oriental, que ha subido 1,3 grados en la última década. Este desajuste climático provoca eventos extremos que afectan gravemente a la población. Dogukan Dogu Yavasli, profesor de la Universidad Ahi Evran de Kirsehir, criticó la falta de medidas concretas para proteger a los grupos vulnerables y adaptar las ciudades a estos desafíos.
Mientras tanto, el Gobierno turco ha desplegado un operativo de seguridad masivo para la COP31, que comienza este lunes en Antalya. Más de 20.000 agentes patrullan la ciudad, y las escuelas han sido cerradas durante los días clave, cuando se espera la llegada de decenas de líderes mundiales.
Australia lidera las negociaciones de la cumbre, centrándose en temas como la electrificación, cero residuos y ciudades resilientes. Murat Kurum, ministro de Urbanismo y Medio Ambiente turco y presidente de la COP31, destacó la hospitalidad de Turquía y su compromiso con la diplomacia climática global.
La cumbre se celebra en un clima político tenso, ya que Kurum regresó al gobierno apenas tres meses después de perder las elecciones a la alcaldía de Estambul frente a Ekrem Imamoglu, quien lleva más de un año y medio encarcelado en lo que organizaciones de derechos humanos califican como cargos políticos.
Turquía se encuentra así en una encrucijada, lidiando con una crisis climática creciente mientras busca mostrar liderazgo global en medio de desafíos internos y fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.





