Más de cien muertos en Ceuta mientras jóvenes marroquíes se niegan a regresar pese a la represión

Más de cien muertos en Ceuta mientras jóvenes marroquíes se niegan a regresar pese a la represión

Más de 100 muertos en las costas de Ceuta: la tragedia migratoria que España quiere ocultar

Más de un centenar de jóvenes marroquíes han perdido la vida en las últimas semanas intentando alcanzar Ceuta, el enclave español en África. Las autoridades calculan que la cifra real supera con creces el recuento oficial, mientras siguen apareciendo cadáveres en las aguas del Estrecho. Sin nombres, sin listas, sin duelo, estas muertes se diluyen en el mar y en el silencio de los gobiernos.

Una huida sin retorno

Bajo el sol abrasador de Ceuta, adolescentes como Aymen (15) y Mohad (16) deambulan sin rumbo, evitando ser deportados. Llevan tres días escondidos de la policía. "No queremos volver", repiten, vestidos con ropas rotas y calzado gastado. Muchos llegaron nadando de madrugada, esquivando patrullas militares, con apenas unos euros en el bolsillo.

Selma (16), una de las pocas chicas en este éxodo, cruzó a escondidas de sus padres. "No tuve miedo. Sabía nadar", dice con determinación. Pero lo que vio en el agua la persigue: "Sentí cuerpos. Toqué cabellos… había muchos muertos". Su hermano menor, de 15 años, sigue desaparecido.

"Lo oímos y nos fuimos"

¿Por qué arriesgarse? La respuesta es unánime: no hay futuro en Marruecos. "Si tuviéramos de qué vivir, nos habríamos quedado", explica Selma, cuyo sueño es reunirse con familiares en Europa. El desempleo, la falta de educación y la desesperación los empujan al mar. "Todos conocemos a gente en España. Nos llamamos y nos fuimos", resume Aymen.

La respuesta: militarización y xenofobia

Mientras los jóvenes sobrevivientes duermen a la intemperie, la extrema derecha española intentó capitalizar el caos. Un grupo de ultranacionalistas fue abucheado por residentes ceutíes, en su mayoría de origen marroquí, en un incidente que terminó con protección policial.

Pero el verdadero responsable, denuncian activistas, es el gobierno español. Ceuta está militarizada, las deportaciones se aceleran y la Ley de Extranjería cierra las puertas. Mientras, Bruselas y Rabat negocian vidas humanas como peones en una "guerra híbrida".

La demanda es clara: papeles para todos, fin de las devoluciones en caliente y retirada del Ejército. Porque detrás de cada número hay una historia. Y estas, por ahora, siguen hundiéndose en el Mediterráneo.

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