Irán ha entrado en una nueva fase de tensiones diplomáticas tras rechazar las acusaciones de Emiratos Árabes Unidos sobre el lanzamiento de misiles balísticos cerca de sus aguas, mientras su presidente del Parlamento inicia una visita clave en Irak para reforzar alianzas regionales. El conflicto se agrava con Francia, que anunció la expulsión de dos diplomáticos iraníes en represalia por ataques contra sus funcionarios en Teherán.
La polémica estalló cuando Emiratos Árabes Unidos acusó a Irán de disparar dos misiles que cayeron en el golfo Pérsico, una acción que Teherán negó rotundamente. "Estas acusaciones son falsas y amenazan la estabilidad regional", declaró el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei. La respuesta de Abu Dabi no se hizo esperar: suspendió el comercio con Irán, intensificando la crisis en una zona ya convulsa por la guerra entre Israel y Hamás.
En paralelo, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, aterrizó en Bagdad para una visita de tres días. Su objetivo: consolidar el apoyo de las milicias proiraníes en Irak, clave en la estrategia regional de Teherán. "La resistencia iraquí es un pilar de nuestro poder", afirmó Qalibaf, en un claro mensaje a Estados Unidos, que mantiene tropas en el país.
La tensión escaló otro peldaño con Francia, que expulsó a dos diplomáticos iraníes tras la detención y expulsión de sus funcionarios en Irán. París denunció un "ataque premeditado" y calificó las acusaciones de Teherán como "fabricaciones". Las relaciones entre ambos países, ya deterioradas por el programa nuclear iraní, enfrentan ahora una nueva crisis.
La región sigue al borde de una escalada mayor. Con Irán reforzando sus alianzas y Occidente respondiendo con sanciones y expulsiones, el fantasma de un conflicto más amplio parece acercarse. Mientras tanto, la población de Oriente Medio paga el precio de una guerra de poder que no da señales de apaciguarse.













