La inteligencia artificial (IA) prometía revolucionar el mundo laboral al aumentar la productividad y reducir la carga de trabajo. Sin embargo, un estudio reciente revela que, al menos por ahora, está teniendo el efecto contrario: los trabajadores están enfrentando jornadas más largas, ritmos acelerados y una mayor presión laboral. El análisis, realizado por la Escuela de Negocios Haas de la Universidad de Berkeley, examinó el impacto de herramientas como ChatGPT, Claude y Gemini en una empresa estadounidense con 200 empleados. Los resultados muestran que, aunque los trabajadores se sintieron más productivos a corto plazo, la carga de trabajo aumentó de manera silenciosa, lo que podría llevar a fatiga, agotamiento y dificultades para desconectar.
Esta paradoja se suma a una larga lista de expectativas incumplidas respecto a las promesas de la tecnología. Silicon Valley, liderada por figuras como Sam Altman, CEO de OpenAI, y Elon Musk, ha promovido la idea de que la IA multiplicará la productividad y, en el futuro, incluso podría hacer que trabajar sea opcional. Sin embargo, la realidad actual parece estar lejos de esa visión.
La fiebre del oro empresarial
El temor a quedarse atrás en la carrera tecnológica ha llevado a empresas emergentes de IA a adoptar jornadas laborales exhaustivas, con empleados trabajando hasta 12 horas al día, seis días a la semana. Este fenómeno, descrito como una "fiebre del oro empresarial", refleja la presión por liderar un sector que avanza a un ritmo vertiginoso.
Colaboración vs. delegación
Un análisis en España sugiere que la IA funciona mejor como una herramienta colaborativa que como un sustituto directo del trabajo humano. Usar chatbots como Claude para validar o corregir tareas es más efectivo que delegar completamente la responsabilidad. Navarra destaca como la comunidad autónoma que mejor aprovecha esta dinámica, mientras que Murcia se encuentra en el extremo opuesto.
¿Amenaza o oportunidad?
La IA también plantea dudas sobre su impacto en el empleo. Según cifras recientes, mientras la productividad laboral en Estados Unidos aumentó un 4,9% en el tercer trimestre de 2025, la tecnología podría haber contribuido a cerca de 55.000 despidos. Algunos expertos, como Dario Amodei, cofundador de Anthropic, advierten que la IA podría eliminar hasta la mitad de los empleos de oficina en los próximos cinco años, aumentando el desempleo a niveles históricos.
Sin embargo, otros líderes empresariales argumentan que, aunque la IA podría desplazar trabajadores a corto plazo, a largo plazo impulsará la productividad y generará más oportunidades laborales.
Un paralelismo histórico
Este dilema recuerda lo ocurrido con los avances tecnológicos del pasado. En su libro More Work for Mother, la historiadora Ruth Schwartz Cowan documentó cómo herramientas como las lavadoras y los lavavajillas, lejos de reducir la carga de trabajo doméstico, la incrementaron para las mujeres.
En resumen, aunque la IA tiene el potencial de transformar el mundo laboral, su implementación actual está generando desafíos inesperados. Mientras empresas y trabajadores navegan esta nueva era, queda claro que la tecnología no es una panacea, sino una herramienta compleja que requiere un uso equilibrado y consciente.





