La filósofa Carissa Véliz alerta sobre el peligro de las predicciones algorítmicas y su impacto en la democracia
Carissa Véliz, filósofa mexicana y profesora asociada en el Instituto para la Ética de la Inteligencia Artificial de la Universidad de Oxford, ha convertido la defensa de la privacidad y el escepticismo hacia las predicciones algorítmicas en una cruzada intelectual. En su nuevo libro Profecía, explora cómo la inteligencia artificial y los algoritmos han heredado el papel místico que antaño ocupaban oráculos y adivinos, con consecuencias preocupantes para la libertad individual y la democracia.
Véliz, que evita plataformas de Google y Meta por principios éticos, argumenta que la obsesión por predecir el futuro mediante IA no es un avance científico, sino un síntoma de autoritarismo. "Predecir con éxito el comportamiento humano no es progreso; es control", advierte.
De Delfos a Silicon Valley: los nuevos oráculos
La autora traza un paralelismo entre figuras como Elon Musk o Sam Altman y los antiguos profetas. "Su rol político es idéntico: consejeros del poder que moldean la opinión pública", explica. Critica los mitos que rodean a la IA, como su supuesta inevitabilidad o su capacidad para resolver todos los problemas sociales. "Es una tecnología diseñada por humanos, no un decreto divino", subraya.
Uno de los peligros más graves, según Véliz, es cómo las predicciones erosionan la democracia. "Cuanto más se usa la predicción, menos libertad queda. La democracia existe precisamente porque no sabemos quién ganará las elecciones". Ejemplifica con la antigua Roma, donde la creencia en profecías astrológicas debilitó la República hasta su caída.
Ética, control y alternativas responsables
La filósofa cuestiona la narrativa de empresas como Anthropic, OpenAI o Google, cuyos líderes, afirma, operan en una "burbuja ideológica peligrosa". Critica especialmente a Anthropic por humanizar su chatbot Claude: "Hablan de su 'felicidad'. Si lo creen, es preocupante; si no, es manipulación".
Como alternativa, recomienda plataformas como Proton y su modelo Empathy AI, libres del control de gigantes tecnológicos. "Hay opciones éticas que funcionan igual de bien", insiste. También desmonta el argumento de que las empresas "no pueden controlar" sus creaciones: "Es una excusa. Podrían apagarlas, pero eligen no hacerlo".
Vivir el presente: un antídoto contra la ansiedad algorítmica
Véliz aboga por recuperar el presente y la serendipia frente a la dictadura de las predicciones. "La incertidumbre no es solo ansiedad; es espacio para posibilidades", afirma. Advierte sobre la "deuda cognitiva" por el abuso de chatbots: "Nos vuelven hipócritas, siempre nos dan la razón. Perdemos la riqueza del desacuerdo humano".
Su mensaje final es un llamado a la desobediencia: "Cuestionen quién hace las predicciones, con qué datos y qué intereses hay detrás. El futuro no está escrito; podemos elegir construirlo". En un mundo dominado por algoritmos, su voz es un recordatorio urgente de que la libertad depende de preservar lo impredecible.





