Barcelona acoge un congreso secreto de ciberseguridad con empresas vinculadas al espionaje digital
Un encuentro discreto bajo el lema "Sol, marisco y spyware" reúne esta semana en Barcelona a expertos en ciberseguridad ofensiva, incluyendo empresas israelíes acusadas de vender herramientas de vigilancia utilizadas en violaciones de derechos humanos. El evento, llamado Offensive BCN, se celebra en un lugar no revelado del distrito del Eixample y está centrado en el intercambio de vulnerabilidades críticas en sistemas tecnológicos, conocidas como zero-day.
El mercado oculto de las vulnerabilidades
El congreso opera bajo estricto secreto: solo los asistentes conocen su ubicación exacta, y el contenido de las charlas no podrá divulgarse. Según fuentes del sector, el objetivo principal es identificar fallos de seguridad en dispositivos móviles y navegadores web. Estas brechas pueden usarse para proteger sistemas o, en casos controvertidos, para explotarlas con software espía como Pegasus, empleado por gobiernos para vigilar a periodistas y activistas.
Además, el evento sirve como plataforma para la compraventa de exploits —códigos que aprovechan vulnerabilidades—, con clientes que incluyen agencias gubernamentales y brokers de datos que actúan como intermediarios en un mercado ya de por sí opaco.
Los organizadores: empresas bajo escrutinio
Detrás de Offensive BCN está Epsilon, una empresa israelí con sede en Barcelona fundada por el francés Jeremy Fetiveau. La compañía comercializa herramientas de vigilancia zero-click, que infectan dispositivos sin necesidad de que la víctima interactúe con enlaces o aplicaciones. Otro nombre clave es Daniel Shapiro, cofundador de Bindecy, firma vinculada a contratos con los servicios de inteligencia israelíes.
Barcelona, centro de la ciberguerra
La elección de la ciudad no es casual. Barcelona se ha convertido en un imán para empresas de ciberseguridad ofensiva, en parte por los beneficios fiscales de la Ley Beckham, que atrae a trabajadores extranjeros con ventajas impositivas. El fenómeno se ha intensificado desde que Israel restringió las exportaciones de tecnologías de vigilancia.
Pese a su alcance internacional, el evento ha pasado desapercibido para las autoridades locales. Ni el Ayuntamiento de Barcelona, ni la Agencia de Ciberseguridad de Cataluña, ni los Mossos d’Esquadra tenían conocimiento de su celebración, según confirmaron fuentes oficiales.
El encuentro refleja la creciente industria global de la ciberseguridad ofensiva, donde la línea entre la protección y la intrusión resulta cada vez más difusa.





