El pasado día presenciamos un evento que ha generado controversia y debate en la sociedad dominicana: la entrega de la nacionalidad dominicana al reconocido escritor peruano Mario Vargas Llosa por parte del presidente de la República Luis Abinader. Sin embargo, surge una pregunta que merece ser reflexionada: ¿Es realmente merecedor Vargas Llosa de nuestra nacionalidad privilegiada?
Resulta contundente afirmar que Vargas Llosa no merece este honor tan preciado. A pesar de su prestigio como Premio Nobel y de otras distinciones literarias, sus acciones han demostrado una postura antinacional que no se alinea con los valores y la identidad de nuestra nación. Es imperativo que la facultad de otorgar la nacionalidad respete y salvaguarde la dignidad nacional, y no se conceda de manera indiscriminada a aquellos que no la valoran y la defienden. En este sentido, el otorgamiento de la nacionalidad a Vargas Llosa se convierte en un insulto hacia nuestra identidad y debe ser revisado.
Recordemos que fue el propio Vargas Llosa quien nos tachó de nazis por expresar la necesidad de establecer un control sobre la migración haitiana ilegal. Sus declaraciones despectivas y generalizadoras han dejado una huella en nuestra memoria colectiva. Es lamentable que el caballero y su hijo hayan llevado a cabo una campaña difamatoria contra nuestro país, acusándonos de racistas y xenófobos, e incluso llegando al extremo de compararnos con la Alemania Nazi. Estas acciones irresponsables y descontextualizadas demuestran una falta de comprensión de nuestra realidad y una actitud injerencista que no podemos obviar.
Entonces, ¿por qué premiar a este señor? Como nación soberana, tenemos el deber de velar por la seguridad y el bienestar de nuestros ciudadanos. No podemos aceptar injerencias de ningún país o persona que, en defensa de sus propios intereses, actuaría de manera similar. Otorgar la nacionalidad dominicana a Vargas Llosa parece contradecir este principio fundamental. Debemos mantenernos firmes en nuestra postura de defender nuestra identidad y proteger nuestra soberanía.
Es necesario reflexionar sobre las implicaciones de este otorgamiento de nacionalidad y cuestionar su justificación. Como sociedad, debemos exigir una mayor transparencia en los criterios para otorgar la nacionalidad dominicana y una evaluación más rigurosa de los antecedentes y actitudes de aquellos a quienes se les confiere este honor. No podemos permitir que se menosprecie nuestra identidad y se premie a aquellos que no comparten nuestros valores y principios.
En conclusión, el acto de otorgar la nacionalidad dominicana a Mario Vargas Llosa plantea interrogantes y despierta la preocupación en nuestra sociedad. Su postura antinacional y sus declaraciones ofensivas no deberían pasar desapercibidas. Es momento de reflexionar y tomar acciones para asegurar que nuestra nacionalidad sea otorgada de manera responsable y en consonancia con los intereses y valores de nuestra nación. Nuestra identidad y soberanía dependen de ello.










