República Dominicana alza la voz contra el régimen de Ortega en Nicaragua
El gobierno dominicano ha elevado su crítica contra el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua, denunciando el autoritarismo, la represión política y la cancelación de elecciones libres. La postura marca un firme posicionamiento en defensa de la democracia en América Latina, donde varios gobiernos enfrentan acusaciones de erosionar libertades fundamentales.
Fuentes oficiales en Santo Domingo señalaron que Nicaragua ha abandonado cualquier vestigio democrático bajo el liderazgo de Ortega y su esposa, Rosario Murillo. El régimen, que surgió de una lucha revolucionaria contra la dictadura somocista, ahora reproduce los mismos métodos que alguna vez combatió: persecución a opositores, encarcelamientos masivos y supresión de derechos civiles.
La cancillería dominicana, sin nombrar acciones concretas, ha dejado claro que no permanecerá en silencio ante lo que califica como "una deriva dictatorial". Expertos en política exterior destacan que el país busca alinearse con organismos internacionales que exigen transparencia electoral y respeto a los derechos humanos.
El caso nicaragüense evoca paralelismos con Venezuela, donde el chavismo también ha sido acusado de fraudes electorales y autoritarismo. Sin embargo, analistas subrayan diferencias clave: mientras Caracas mantiene cierta fachada institucional, Managua ha eliminado incluso la posibilidad de competencia política.
El escenario regional preocupa a observadores. América Latina vive un giro hacia gobiernos de derecha e izquierda con tendencias centralizadoras, reduciendo el espacio para sistemas pluralistas. Solo un puñado de naciones conserva mecanismos democráticos robustos, según evaluaciones de think tanks internacionales.
La presión diplomática sobre Nicaragua podría intensificarse en los próximos meses, especialmente si continúan las detenciones arbitrarias y la censura. República Dominicana, junto a otros aliados regionales, enfrenta el desafío de equilibrar su postura sin caer en confrontaciones directas.
Mientras tanto, la crisis nicaragüense sigue siendo un recordatorio de cómo el poder absoluto corroe las instituciones. El mundo observa si la comunidad internacional actuará antes de que sea demasiado tarde.




