La tercera ola de calor que azotó España entre el martes y el jueves pasado dejó un saldo de 151 muertes atribuibles a las altas temperaturas, elevando el total de fallecimientos relacionados con el calor extremo a 2,680 desde mediados de mayo. Estos datos, aún preliminares, fueron proporcionados por el sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), dependiente del Instituto de Salud Carlos III, y reflejan el impacto creciente de las condiciones climáticas extremas en el país.
El verano de 2023 ha sido marcado por episodios de calor intenso, con tres olas de temperaturas elevadas que han puesto en alerta a las autoridades sanitarias. La primera ola, ocurrida entre el 21 y el 25 de junio, registró 333 muertes, mientras que la segunda, del 5 al 9 de julio, dejó 454 fallecimientos. Aunque la cifra de la tercera ola es menor, sigue siendo un recordatorio preocupante de los riesgos asociados al clima extremo, especialmente para personas mayores y aquellos con condiciones médicas preexistentes.
El sistema MoMo, desarrollado por el Centro Nacional de Epidemiología, no contabiliza muertes directas, sino que utiliza modelos estadísticos para estimar el exceso de mortalidad relacionado con las altas temperaturas. Según estos cálculos, el día más crítico de la tercera ola fue el 23 de julio, con 61 muertes atribuidas al calor, seguido por los 47 y 43 fallecimientos registrados en los días anteriores.
Las temperaturas alcanzaron niveles peligrosos en varias regiones, especialmente en el este de España. La Región de Murcia y la Comunidad Valenciana activaron el aviso rojo, el nivel más alto de alerta por calor, después de registrar máximas de hasta 44 grados centígrados. Este tipo de alertas busca proteger a la población, especialmente a los grupos más vulnerables, mediante recomendaciones y medidas preventivas.
El Ministerio de Salud activó en mayo su plan de prevención ante las olas de calor, que incluye monitoreo constante, alertas tempranas y campañas de concienciación. Sin embargo, los datos de MoMo muestran que el impacto del calor sigue siendo significativo, lo que subraya la necesidad de fortalecer las estrategias de adaptación y respuesta ante eventos climáticos extremos.
A medida que el verano avanza, las autoridades sanitarias mantienen la vigilancia ante posibles nuevas olas de calor, mientras los expertos advierten que fenómenos como estos podrían volverse más frecuentes e intensos debido al cambio climático. La situación actual plantea un desafío inmediato para la salud pública y un llamado a la acción para mitigar los efectos del calentamiento global a largo plazo.




