EE.UU. y Venezuela ejecutan operación conjunta: Abaten al líder del Tren de Aragua, uno de los criminales más buscados de América
Héctor Guerrero Flores, alias "El Niño Guerrero", cerebro del temible cartel Tren de Aragua, fue eliminado en una operación militar coordinada entre Estados Unidos y Venezuela. El Departamento de Estado ofrecía 5 millones de dólares por su captura, acusado de expandir una red criminal transnacional vinculada a narcotráfico, secuestros y trata de personas. Su muerte marca un giro en la lucha contra el crimen organizado en la región.
Operación relámpago en zona minera
El Comando Sur de EE.UU. confirmó el operativo en el estado Bolívar (sur de Venezuela), donde Guerrero se escondía tras fugarse en 2023 de la cárcel de Tocorón, bastión del cartel. Fuentes oficiales estadounidenses destacaron la "colaboración estrecha" con autoridades venezolanas, pese a las tensiones históricas entre ambos gobiernos.
De pandilla local a imperio criminal
Guerrero, de 42 años, transformó una banda carcelaria en una organización con presencia en Colombia, Perú, Chile y EE.UU. Según InSight Crime, comenzó en el microtráfico en los años 2000 y escaló hasta controlar prisiones, sobornar funcionarios y operar con impunidad. En 2018 fue condenado en Venezuela por homicidio y porte de armas, pero desde su celda —equipada con piscina y discoteca— dirigía operaciones internacionales.
Implicaciones regionales
La caída de Guerrero ocurre cinco meses después de la captura de Nicolás Maduro, acusado por Washington de colaborar con el Tren de Aragua. Aunque Venezuela aseguró haber desmantelado la banda en 2023, países vecinos reportaron actividades del grupo, evidenciando su resiliencia. Expertos advierten que su muerte podría fragmentar el cartel, pero también desatar luchas internas por el control.
¿Fin de una era?
El anuncio de su eliminación, hecho por Donald Trump en redes sociales, refuerza la presión de EE.UU. contra el crimen organizado latinoamericano. Sin embargo, persisten dudas sobre la capacidad de Venezuela para erradicar redes residuales. Autoridades regionales mantienen alertas ante posibles represalias o migración de miembros a otros países.
La operación conjunta sienta un precedente inédito en la cooperación antimafia, pero el desafío sigue intacto: cortar los tentáculos de un imperio que ya echó raíces en medio continente.




