Haití enfrenta una crisis humanitaria agravada por el aumento descontrolado de la violencia sexual, especialmente en barrios marginales como Cité Soleil, dominados por pandillas. Según un informe de Médicos Sin Fronteras (MSF), los casos de violaciones se han triplicado desde 2022, con un aumento alarmante en la brutalidad de los ataques. Las bandas armadas utilizan estos actos como herramienta de control sobre las comunidades, perpetuando el miedo y la opresión.
En el corazón de Cité Soleil, el hospital Drouillard de MSF se ha convertido en un refugio crucial para las víctimas. Ofrece atención médica gratuita y un espacio seguro para sobrevivientes de violencia sexual, muchas de las cuales enfrentan secuelas físicas y psicológicas devastadoras. Anne-Sophie Morel, directora del hospital, explica que las pacientes son atendidas en áreas confidenciales para proteger su privacidad y garantizar su seguridad.
Elina, una joven madre de 26 años cuyo nombre ha sido cambiado para proteger su identidad, es una de las muchas víctimas. En noviembre de 2025, fue violada por un pandillero mientras regresaba a casa. “Me apuntó con su arma”, relata, describiendo el trauma que todavía la persigue. Temerosa de ser juzgada por su familia y comunidad, guardó silencio sobre su experiencia. “Aquí minimizan este tipo de violencia”, lamenta Elina, quien ahora busca apoyo en el hospital para superar sus cicatrices emocionales y físicas.
El informe de MSF revela que las pandillas son responsables del 57% de los casos de violencia sexual, superando a cónyuges y familiares. Además, las violaciones colectivas se han vuelto más frecuentes y afectan a personas de todas las edades. Diana Manilla Arroyo, jefa de misión de MSF en Haití, explica que estas acciones buscan afirmar el dominio territorial de las bandas. “Es una herramienta de control”, afirma Arroyo.
Abigail Derolian, abogada y activista feminista, destaca que cada vez que un grupo armado toma el control de un barrio, las violaciones se utilizan como táctica para someter a la población. “Es una forma de decirles a las mujeres que han cambiado de dueño”, explica Derolian. Este patrón ha dejado a muchas haitianas atrapadas en zonas inseguras, sin recursos para escapar.
Pese a las adversidades, Elina envía un mensaje de esperanza a otras sobrevivientes: “Hagan todo lo posible por seguir viviendo y no dejen de buscar ayuda”. Para ella, el personal del hospital ha sido como una familia en medio del caos. Sin embargo, la situación en Haití sigue siendo crítica, con un sistema judicial colapsado que ofrece pocas esperanzas de justicia para las víctimas. Mientras las pandillas continúan imponiendo su ley, la violencia sexual se ha convertido en otra sombra de la profunda crisis que afecta al país.




