Venezuela está recuperando protagonismo en el mercado petrolero mundial tras años de declive, aprovechando la crisis en Oriente Medio que amenaza el suministro global de crudo. Con una producción muy por debajo de los 3 millones de barriles diarios que alcanzó en los años 90, el país ahora se perfila como un proveedor clave para Estados Unidos en medio de las tensiones entre Washington y Teherán. Este resurgimiento se produce después de que el gobierno estadounidense reconociera al interinato de Delcy Rodríguez y reabriera las puertas al petróleo venezolano, permitiendo la llegada de 80 millones de barriles a sus costas.
El conflicto en Oriente Medio, que pone en riesgo el tránsito de buques por el estratégico estrecho de Ormuz, ha elevado los precios del crudo y aumentado los ingresos de Venezuela. Dolores Dobarro, exviceministra de Energía y Minas, destacó que cada dólar que sube el precio del barril representa cerca de un millón de dólares más diarios para el país. En 2025, Venezuela registró una producción promedio de 1.081.000 barriles por día, su mayor nivel en siete años. Sin embargo, la industria petrolera venezolana aún enfrenta desafíos para aumentar su producción debido a la falta de inversión en infraestructura y servicios básicos.
José Guerra, economista y exdiputado opositor, explicó que el papel de Venezuela como proveedor de crudo para Estados Unidos cambió drásticamente tras la reanudación de las exportaciones. Anteriormente, el 80% de las exportaciones venezolanas se destinaban a China, con grandes descuentos, mientras que Chevron, la única petrolera con licencia de explotación, enviaba el resto a EE.UU. Ahora, la mayoría del crudo venezolano fluye hacia el mercado estadounidense. Guerra estimó que en 2026 la producción podría alcanzar 1,1 millones de barriles diarios, con un aumento de ingresos del 40 al 50% gracias al "boom de los precios" impulsado por la guerra.
No obstante, recuperar la producción de 3 millones de barriles requeriría entre 5 y 7 años y una inversión de hasta 100.000 millones de dólares, según estimaciones de Donald Trump. Pese a estos retos, Venezuela sigue siendo considerado un proveedor seguro debido a su cercanía geográfica con Estados Unidos y la facilidad de transporte por el Atlántico, en comparación con los riesgos de navegar en Oriente Medio.
Expertos como José Toro Hardy subrayan el papel histórico de Venezuela como proveedor estratégico de crudo, recordando que durante la Segunda Guerra Mundial el país aportó el 60% del petróleo utilizado por las fuerzas aliadas. Este legado, junto con la actual coyuntura internacional, ofrece una oportunidad para que Venezuela recupere su relevancia en el escenario energético global, aunque el camino hacia una recuperación plena sigue siendo largo y complejo.





