La Unión Europea está implementando duras nuevas medidas para frenar la migración, incluyendo controles fronterizos más estrictos, deportaciones exprés y mayor tiempo de detención para solicitantes de asilo, en una política que recuerda a la era Trump.
Las reformas, aprobadas este miércoles, buscan disuadir la llegada de migrantes mediante tácticas más duras. Entre los cambios destacan la ampliación del plazo de retención en centros de detención y la aceleración de las expulsiones de quienes no cumplan los requisitos.
El bloque europeo, enfrentado a un aumento récord de llegadas irregulares en 2023, adopta así un enfoque similar al que aplicó Estados Unidos bajo el mandato de Donald Trump. Las medidas han generado críticas de organizaciones humanitarias, que las califican de "inhumanas".
Italia, Grecia y España —principales puntos de entrada— presionaron para endurecer las normas. Alemania y Francia, aunque con reservas, respaldaron el plan para aliviar la carga en sus sistemas de asilo.
Esta decisión marca un giro en la política migratoria de la UE, tradicionalmente más abierta que la de EE.UU. Los líderes europeos argumentan que es necesaria para evitar crisis como la de 2015, cuando más de un millón de refugiados llegaron al continente.
Expertos advierten que las nuevas reglas podrían aumentar las deportaciones masivas y dejar en limbo a miles de personas. Mientras, las rutas migratorias hacia Reino Unido desde Europa podrían verse afectadas indirectamente por el reforzamiento fronterizo.
La medida llega en un año electoral clave para la UE, con partidos de ultraderecha ganando terreno en países como Alemania y Francia por su discurso antiinmigración.




