Ucrania resiste en el barro mientras Europa conmemora el cuarto año de la invasión rusa

Ucrania resiste en el barro mientras Europa conmemora el cuarto año de la invasión rusa

Mientras las capitales europeas honran a Ucrania este martes, marcando cuatro años desde que Vladímir Putin ordenó la invasión del país, Mijailov, un soldado ucraniano, se prepara para regresar a las trincheras. El frente sigue siendo un escenario de guerra crudo y constante, donde la lucha por sobrevivir es la única prioridad. En Izium, una ciudad clave en el sureste de Járkov, el conflicto ha dejado huellas profundas: fosas comunes, destrucción masiva y una población diezmada. Hoy, la ciudad es un nudo logístico vital para las fuerzas ucranianas que defienden el Donbás, pero también un lugar donde los soldados descansan entre rotaciones agotadoras.

Izium, junto con Bucha y Mariúpol, se ha convertido en un símbolo de los horrores de la ocupación rusa. Liberada en septiembre de 2022 durante una contraofensiva relámpago, la ciudad aún lucha por recuperarse. Ahora, sus calles están llenas de camiones militares equipados con redes para detener drones enemigos, mientras los soldados ocupan casas abandonadas. Mijailov, quien se ganaba la vida en Polonia antes de regresar a Ucrania, describe su rutina: seis días en Izium y seis en las trincheras, lanzando morteros en medio del barro y el frío glacial.

El frente ucraniano apenas ha avanzado desde principios de 2023, marcado por una guerra de desgaste sin un claro ganador. Aunque Ucrania recuperó unos 300 kilómetros tras bloquear el acceso de las tropas rusas a los satélites Starlink de Elon Musk, la falta de armas y soldados limita su capacidad para lanzar una gran contraofensiva. “No avanzamos como nos gustaría”, admite Mijailov, quien señala la dependencia de la ayuda internacional como un factor crítico. Sin embargo, afirma que los recursos propios han sido clave para resistir.

Las Fuerzas Armadas ucranianas cuentan oficialmente con un millón de soldados, pero solo unos 300.000 están desplegados en los más de 1.000 kilómetros del frente. Para reponer sus brigadas, algunas operando al 30% de su capacidad, necesitarían reclutar a otros 300.000 efectivos. En contraste, Rusia afirma tener unos 640.000 soldados en la línea de combate, lo que le permite realizar tácticas de infiltración que desgastan las defensas ucranianas. “No diría que estamos quemados, pero sí al límite”, confiesa Mijailov.

En el terreno, las misiones rusas suelen ser desesperadas. “Van directos al matadero”, describe un comandante de la Brigada 44, un artillero de 23 años que abandonó sus planes universitarios para unirse a la guerra. A pesar de la superioridad tecnológica ucraniana, la falta de munición y personal sigue siendo un problema. Ucrania insiste en la necesidad urgente de artillería, capacidades antidron y sistemas de defensa aérea para contener las oleadas de ataques rusos, que han cambiado su enfoque hacia la infraestructura ferroviaria y del agua tras meses de golpear el sistema energético.

En lugares como Oksil, una aldea cercana al frente, la vida es precaria. Con solo 600 habitantes, la población depende casi exclusivamente de la ayuda humanitaria. El puente cercano, vital para suministrar el frente de Donetsk, ha sido destruido y reconstruido varias veces. “Esto no es vida”, dice la alcaldesa, Oksana Sabelnyk, quien se niega a abandonar el pueblo hasta que el último vecino haya partido. El conflicto sigue dejando cicatrices profundas en Ucrania, mientras el mundo observa cómo el país resiste contra una invasión que parece no tener fin.

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