Donald Trump viaja este miércoles a China en su primera visita al país desde 2017, en un momento de creciente rivalidad tecnológica entre las dos potencias mundiales. El ex presidente estadounidense llega en un contexto marcado por las tensiones comerciales, el conflicto en Irán y el vertiginoso avance chino en inteligencia artificial (IA), un campo que preocupa cada vez más a Washington.
China, bajo el liderazgo de Xi Jinping, ha impulsado agresivamente el desarrollo de la IA desde 2017, especialmente en áreas como el reconocimiento facial, clave para su sistema de vigilancia. Sin embargo, el lanzamiento de ChatGPT por parte de OpenAI en 2022 desplazó el centro de innovación hacia Estados Unidos. Desde entonces, empresas chinas como DeepSeek, Kimi, Xiaomi, Alibaba y ByteDance han trabajado para igualar la ofensiva estadounidense, logrando avances significativos en modelos de IA competitivos y más económicos de entrenar.
Trump llega acompañado de una delegación de líderes tecnológicos, incluidos Elon Musk, de Tesla, y Tim Cook, de Apple, quienes buscan fortalecer lazos comerciales con China, un socio clave para sus negocios. También participan ejecutivos de Meta, Qualcomm, Micron y Coherent, empresas que operan en sectores estratégicos como los semiconductores y la memoria informática.
El viaje incluye una reunión bilateral con Xi Jinping, en la que Trump pretende discutir la creación de consejos de inversión y comercio, así como establecer un canal de comunicación sobre cuestiones relacionadas con la IA. "Le pediré al presidente Xi, un líder de extraordinaria talla, que 'abra' China para que estas personas brillantes puedan desplegar todo su talento", afirmó Trump en una publicación en Truth Social.
La visita también cuenta con la presencia sorpresa de Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, la empresa líder en la fabricación de chips esenciales para la IA. La compañía ha sido afectada por las restricciones comerciales impuestas tanto por Trump como por Joe Biden para frenar el desarrollo tecnológico chino. Aunque la Casa Blanca levantó parcialmente el veto en enero, Pekín no ha autorizado nuevas compras, lo que ha impulsado la industria local de semiconductores.
El rápido avance tecnológico de China amenaza con reducir su dependencia de Estados Unidos, lo que podría cambiar el equilibrio de poder global. Según expertos, aunque la reunión entre Trump y Xi abordará estos temas, es poco probable que resuelva las tensiones actuales. El futuro de la competencia tecnológica entre ambas potencias sigue siendo incierto, pero China está decidida a consolidar su posición como líder en IA y otras áreas clave.





