El conflicto del Sáhara Occidental podría enfrentar un giro histórico. Estados Unidos, liderado por Donald Trump, busca que la ONU respalde el plan de autonomía propuesto por Marruecos para este territorio, lo que cerraría la puerta a la independencia del pueblo saharaui. Esta decisión, si se aprueba, podría alterar drásticamente el equilibrio político, económico y militar en una región situada a apenas 100 kilómetros de Canarias.
El plan estadounidense
Mañana, las Naciones Unidas renovarán el mandato de la Minurso, la misión de paz creada en 1991 para gestionar el conflicto en el Sáhara. Washington aprovechará esta ocasión para presentar un proyecto de resolución que refuerce el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el territorio. Este paso supondría un cambio radical frente a la postura mantenida por la comunidad internacional durante los últimos 50 años. Trump ya había dado señales de este giro diplomático en 2020, cuando reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat normalizara relaciones con Israel.
Las repercusiones para Canarias
Canarias observa con preocupación este posible cambio. La proximidad geográfica y los lazos sociales y económicos con el Sáhara hacen que cualquier modificación en el conflicto tenga consecuencias directas en el archipiélago. Una eventual consolidación del dominio marroquí podría abrir la puerta al control de recursos estratégicos como yacimientos de gas, petróleo, tierras raras y bancos de pesca frente a las costas isleñas. Además, Marruecos lleva años impulsando una colonización económica del territorio, con grandes inversiones turísticas e infraestructuras que reforzarían su control político y desplazarían a la población local.
Protestas y resistencia
Miles de saharauis han protagonizado protestas en los campamentos de Tinduf, en el oeste de Argelia, para expresar su rechazo a la propuesta estadounidense. Exigen que la ONU no legitime la ocupación marroquí ni renuncie al referéndum de independencia prometido hace más de tres décadas. El Frente Polisario ha calificado el plan de Trump como una «desviación muy peligrosa y sin precedentes de los principios del derecho internacional», al considerar que socava la base jurídica de la causa saharaui.
El papel de Rusia
No está claro que la propuesta estadounidense prospere en su formulación actual. Rusia, miembro permanente del Consejo de Seguridad con derecho de veto, mantiene una relación estratégica con Argelia, principal aliado del Polisario, y ha sido históricamente un contrapeso frente al expansionismo marroquí. Rabat envió recientemente a su ministro de Exteriores, Nasser Bourita, a Moscú para reunirse con Serguéi Lavrov. Tras el encuentro, Lavrov afirmó que el plan marroquí podría prosperar «si todas las partes lo acuerdan bajo la supervisión de la ONU».
¿Qué busca Estados Unidos?
Un factor clave en este escenario es la iniciativa directa de Trump. Su asesor Steve Witkoff reveló que Estados Unidos trabaja en un «acuerdo de paz» entre Marruecos y Argelia, con la meta de cerrarlo en 60 días. En este marco, la cuestión saharaui se sitúa en el centro de las negociaciones. Surgen interrogantes sobre si Washington podría estar buscando derechos de explotación de los recursos naturales del Sáhara, así como concesiones energéticas o estratégicas en la región.
En conclusión, la propuesta estadounidense podría marcar un antes y un después en el conflicto del Sáhara Occidental, con implicaciones directas para Canarias y toda la región. Sin embargo, su éxito dependerá de cómo respondan otros actores clave, como Rusia y el propio pueblo saharaui.





