En junio pasado, la tensión entre el Gobierno de Donald Trump y el de Pedro Sánchez estuvo a punto de estallar. España se convirtió en el único país de la OTAN que rechazó públicamente y por escrito el objetivo de destinar el 5% del PIB al gasto en defensa, un compromiso impulsado por Estados Unidos. Sánchez argumentó que el aumento era desproporcionado y económicamente inviable para España, y que incluso el Ministerio de Defensa consideraba innecesario tal incremento para cumplir con las exigencias de la Alianza Atlántica.
Trump no ocultó su descontento, pero inicialmente evitó una confrontación directa. En sus primeras declaraciones, prefirió elogiar la economía española y destacar las virtudes del país. Sin embargo, a medida que los periodistas, especialmente españoles, insistieron en el tema, el tono del presidente estadounidense se volvió más amenazante. Llegó a afirmar que España "siempre ha pagado muy poco" y sugirió que la OTAN debería ocuparse del problema. Incluso insinuó que España podría pagar el doble en el futuro.
A pesar de las presiones, Trump no tomó medidas concretas contra España, como la imposición de aranceles a productos emblemáticos como el aceite, el vino o las aceitunas, algo que muchos analistas habían anticipado. En cambio, optó por destacar el crecimiento económico español, argumentando que precisamente por ello el país debería contribuir más a la defensa común.
La postura de Sánchez contrasta con la de otros líderes europeos, como el francés Emmanuel Macron, quien ha buscado acercarse a Trump con gestos de cortesía y apoyo. Sin embargo, este acercamiento no le ha evitado críticas públicas e incluso burlas por parte del presidente estadounidense, quien llegó a imitar a Macron en un tono despectivo frente a una audiencia de republicanos.
A diferencia de otros países, España ha evitado tanto la adulación como el enfrentamiento directo con Trump. Según expertos en relaciones internacionales, esta estrategia ha permitido mantener una relación funcional sin caer en la confrontación. Sánchez ha presentado a España como un aliado sólido y útil para Estados Unidos, destacando su papel en la defensa común y en iniciativas diplomáticas clave, como la reunión entre Estados Unidos y China celebrada en Madrid.
Además, España no ha sido objeto del mismo apoyo estadounidense a los partidos de extrema derecha que otros países europeos, como el Reino Unido o Alemania. Aunque Trump ha mostrado cierta simpatía hacia Vox, no ha intervenido activamente para impulsar a este partido.
En resumen, la estrategia de Sánchez parece haber evitado mayores tensiones con la Administración Trump, manteniendo a España fuera del centro de las posibles represalias diplomáticas o económicas. Mientras otros líderes europeos han buscado ganarse el favor de Trump, España ha optado por una posición equilibrada, evitando tanto la sumisión como la confrontación.





