El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció recientemente la segunda fase del alto el fuego en la Franja de Gaza, pero el conflicto sigue lejos de resolverse. Pese a los esfuerzos de la Administración Trump, tanto Israel como Hamás muestran resistencia a cumplir los compromisos necesarios para lograr una paz duradera. Mientras tanto, los gazatíes continúan sufriendo las consecuencias de un conflicto que ha dejado ya más de 71.440 muertos palestinos en los últimos dos años.
Trump prometió durante su campaña presidencial poner fin a las guerras en Gaza y Ucrania. Sin embargo, un año después de su llegada a la Casa Blanca, ambos conflictos siguen activos. En octubre, el presidente estadounidense logró un alto el fuego en Gaza, considerado el más largo desde el inicio de la ofensiva militar israelí. No obstante, la tregua no ha detenido por completo la violencia, con más de 450 palestinos muertos en los últimos tres meses.
El primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, ha cuestionado la efectividad del anuncio de Trump, calificándolo como una "acción declarativa". Además, los miembros más radicales de su coalición abogan públicamente por la ocupación de la Franja de Gaza, en clara contradicción con el plan de paz estadounidense. Netanyahu, escéptico de que Washington pueda asegurar el desarme de Hamás, ha ordenado al Ejército israelí diseñar un plan de contingencia para tomar más territorio en Gaza, incluyendo una ofensiva en la Ciudad de Gaza prevista para marzo.
Hamás, por su parte, insiste en que no entregará las armas hasta que las tropas israelíes se retiren por completo. Esta resistencia dificulta la implementación de la segunda fase del alto el fuego, que incluye la creación de una Junta de Paz y un gobierno de tecnócratas palestinos para supervisar la transición. Sin embargo, aún no hay claridad sobre cómo se financiarán estas iniciativas ni cómo se abordará la reconstrucción de Gaza, donde hay más de 68 millones de toneladas de escombros que podrían tardar siete años en retirarse.
Mientras los líderes internacionales discuten, la población de Gaza vive en condiciones deplorables, habitando viviendas improvisadas o edificios dañados. Hamás ha recuperado rápidamente el control de las zonas donde las tropas israelíes se han retirado, dificultando aún más el desarme y la transición de poder. Los gazatíes, cansados de ser tratados como cifras, reclaman tener voz en su propio futuro. "No somos números", afirma Ahmed, un desplazado gazatí. "Queremos decidir nuestro destino por nosotros mismos". Aunque Trump insiste en avanzar hacia la paz, las perspectivas de éxito parecen cada vez más inciertas.





