El nuevo embajador de Estados Unidos en Sudáfrica, Brent Bozell, llegó este jueves al país africano en medio de una creciente tensión entre Washington y Pretoria. El nombramiento de Bozell, un polémico defensor de Israel y crítico de Sudáfrica, ha generado malestar en el gobierno sudafricano y reabierto heridas históricas relacionadas con el apartheid.
Bozell, de 70 años, fue designado por el presidente Donald Trump en marzo de 2025. Su llegada coincide con uno de los momentos más fríos en las relaciones entre ambos países desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de ese año. Washington ha acusado al gobierno sudafricano de "persecución" contra los afrikáners, descendientes de los primeros colonos europeos, y ha criticado la demanda de Pretoria ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por presunto "genocidio" de Israel en Gaza.
Durante su audiencia de confirmación en el Senado estadounidense en octubre, Bozell declaró que trabajaría para convencer a Sudáfrica de retirar su demanda contra Israel. También prometió promover un programa para otorgar estatus de refugiado en EE.UU. a miles de afrikáners, cientos de los cuales ya se han beneficiado.
El nombramiento de Bozell fue respaldado por Trump, quien destacó su "tenacidad y vasto conocimiento". Sin embargo, su llegada se produce tras la expulsión del embajador sudafricano en Washington, Ebrahim Rasool, acusado por el secretario de Estado Marc Rubio de ser un "político racista que odia a Estados Unidos". Pretoria aún no ha nombrado a su reemplazo.
Estados Unidos es el segundo mayor socio comercial de Sudáfrica, con alrededor de 500 empresas estadounidenses operando en el país. Sin embargo, las relaciones se han deteriorado tras la imposición de aranceles del 30% a las exportaciones sudafricanas, los más altos jamás aplicados a una nación del África subsahariana. La tensión escaló cuando Trump boicoteó la cumbre del G20 en Johannesburgo en noviembre de 2025, argumentando que Sudáfrica no debería pertenecer a este grupo de las mayores economías del mundo.
La llegada de Bozell marca un nuevo capítulo en las tensas relaciones entre ambos países, con implicaciones significativas para la política internacional y los intereses económicos en la región.





