El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado un endurecimiento de su postura contra Irán, amenazando con llevar al país "de vuelta a la edad de piedra" en respuesta a la escalada de tensiones en el Golfo Pérsico. Este anuncio llega tras el bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz, un punto crucial para el transporte mundial de petróleo, que Irán habría logrado cerrar sin necesidad de acciones militares directas.
En un discurso pronunciado el 28 de febrero, Trump aseguró que Estados Unidos no permitiría que los suministros energéticos de la región cayeran en manos de un enemigo declarado y garantizaría la seguridad de Israel. Sin embargo, en un giro sorprendente, el mandatario estadounidense instó a sus aliados europeos, dependientes del petróleo del Golfo, a resolver por sí mismos la crisis en el estrecho de Ormuz, señalando que Estados Unidos, como país autosuficiente en energía, no se vería directamente afectado.
El estrecho de Ormuz es vital para el comercio global, ya que por él transita el 20% del petróleo y gas que consume el mundo. Aunque Irán no ha hundido ningún barco cisterna, las compañías de seguros han dejado de cubrir los riesgos de guerra, lo que ha provocado una drástica reducción del tráfico marítimo. Según expertos, esta situación ha sido aprovechada por Trump y otros líderes, como el presidente ruso Vladimir Putin, para aumentar los precios del petróleo y gas a nivel mundial, beneficiando así a sus economías.
Europa, por su parte, enfrenta una grave escasez energética debido a su dependencia del gas natural licuado de Qatar, cuya exportación se ha visto interrumpida. China, otro gran importador, también sufre las consecuencias de la crisis.
En medio de este escenario, la Administración Trump busca reemplazar las aseguradoras europeas por estadounidenses, mientras analiza cómo garantizar la seguridad de los barcos en el Golfo Pérsico. Algunos analistas sugieren que esta crisis podría reestructurar el control global de los flujos energéticos y provocar un impacto profundo en la economía internacional.
Mientras tanto, el estrecho de Ormuz sigue funcionando de manera parcial, pero bajo nuevas condiciones impuestas por Irán, que ahora cobra a los barcos que pasan por sus aguas. Lo que comenzó como una crisis local en el Golfo Pérsico parece estar transformándose en una batalla global por el control de los recursos energéticos, con consecuencias aún imprevisibles.





