EE.UU. y Venezuela vuelven a hablar: Trump reconoce al gobierno de Delcy Rodríguez en sorpresivo giro diplomático
En un vuelco histórico, Estados Unidos ha restablecido relaciones diplomáticas con Venezuela tras años de tensiones, reconociendo formalmente al gobierno de Delcy Rodríguez, la sucesora de Nicolás Maduro tras su captura en una intervención militar estadounidense en enero.
El presidente Donald Trump hizo el anuncio este sábado en Miami durante el lanzamiento de su polémica iniciativa "Escudo de las Américas", donde reunió a líderes de derecha de la región. "Esta semana hemos reconocido legalmente al gobierno venezolano", declaró Trump, calificando el movimiento como una "transformación histórica" para el país sudamericano.
El acercamiento se concretó el jueves, cuando ambos gobiernos acordaron reabrir embajadas y consulados, marcando el fin de una ruptura que comenzó en 2019, cuando EE.UU. respaldó al opositor Juan Guaidó como presidente interino. La Casa Blanca justificó el cambio señalando avances en sus objetivos estratégicos, incluida la captura de Maduro, acusado de narcotráfico y corrupción.
Como gesto de buena voluntad, el Departamento del Tesoro autorizó a empresas estadounidenses a operar en el lucrativo sector del oro venezolano, hasta ahora bajo sanciones. Trump vinculó el movimiento con su nueva "Doctrina Donroe", que promete bloquear "influencias hostiles" en la región, en un claro mensaje a aliados de Venezuela como Cuba, cuyo suministro de petróleo venezolano fue restringido.
Rodríguez: "Diálogo con inteligencia"
Desde Caracas, Delcy Rodríguez celebró el acuerdo, asegurando que Venezuela retoma los lazos con EE.UU. "con amistad e inteligencia". "Resolveremos nuestras diferencias por la vía diplomática", dijo en un acto simbólico en el estado Lara, citando una carta de Simón Bolívar de 1818.
El giro ocurre mientras Trump impulsa una alianza militar regional contra el "narcoterrorismo", con casi 20 países latinoamericanos sumados. Analistas ven el acercamiento a Caracas como un intento de consolidar influencia en la región frente a China y Rusia, tradicionales aliados de Maduro.
Con este movimiento, la administración Trump cierra un capítulo de confrontación, pero abre interrogantes sobre el futuro de un país aún sumido en crisis económica y fragmentación política.





