Trump anuncia apertura del estrecho de Ormuz, pero el petróleo no fluirá tan rápido
Donald Trump ha anunciado con bombos y platillos la inminente apertura del estratégico estrecho de Ormuz, cerrado tras meses de tensiones con Irán. Con su característico estilo de campaña, el expresidente estadounidense lanzó: "Barcos del mundo, arranquen motores. ¡Que fluya el petróleo!". Sin embargo, la realidad es más complicada: el proceso será lento, técnico y lleno de riesgos.
Un alivio con trampa
Aunque los mercados reaccionaron con optimismo —el precio del crudo Brent cayó un 5% y el gas en Europa bajó un 6%—, los expertos advierten que la normalización llevará semanas, incluso meses. Retirar las minas del estrecho, reactivar infraestructuras paralizadas y convencer a las navieras de operar con seguridad no será tarea rápida.
Confusión en la Casa Blanca
Trump aseguró que el bloqueo naval estadounidense a puertos iraníes se levantaría "inmediatamente", pero su secretario de Defensa, Pete Hegseth, matizó: "Si tarda 30 días en madurar, empezará inmediatamente". Irán, por su parte, no ha confirmado todos los términos del acuerdo, lo que añade incertidumbre.
Europa respira, Asia sufre
El Viejo Continente celebra la caída de precios, que alivia la presión inflacionaria. Pero Asia, destino del 80% del petróleo que atraviesa Ormuz, seguirá sufriendo escasez. Llevar crudo desde el Golfo hasta China o Japón puede tardar semanas, sin contar el tiempo de refinado y distribución.
¿Vuelta a la normalidad? No tan pronto
Aunque el pacto evita que los precios sigan disparándose, los analistas descartan que los combustibles vuelvan a niveles previos al conflicto a corto plazo. La crisis ya ha dañado la demanda global, con una caída del 5% en el consumo de petróleo este trimestre, según S&P.
Trump ha vendido la apertura de Ormuz como un triunfo inmediato, pero la verdad es que el petróleo tardará en llegar a los mercados. Los motores pueden arrancar, pero el camino sigue lleno de baches.





