El mercado energético global está al borde del colapso debido al creciente conflicto entre Irán e Israel, que ha puesto en alerta a uno de los puntos más estratégicos del mundo: el Estrecho de Ormuz. Este estrecho, de apenas tres kilómetros de ancho, es vital para el flujo diario de 20 millones de barriles de petróleo y gas natural licuado proveniente de Qatar. Cualquier interrupción en esta vía marítima podría desatar una crisis económica internacional y disparar los precios del petróleo a niveles récord.
El enfrentamiento en Medio Oriente ha elevado la tensión al límite. Analistas advierten que incluso el temor a un bloqueo o a un aumento en los costos logísticos ya está presionando los precios del crudo hacia arriba. El petróleo Brent podría superar los 100 dólares por barril, marcando un hito desde abril de 2025.
El Estrecho de Ormuz es crucial, pero también vulnerable. Si un solo barco se hundiera en uno de sus estrechos canales, el tráfico se paralizaría, obligando a los buques a desviarse por rutas más largas y costosas, como el Canal de Suez. Esto añadiría al menos dos semanas de navegación y dispararía los costos operativos.
El experto Emilio Apud destaca dos factores clave: el "efecto especulación", que eleva los precios preventivamente, y el riesgo real de una obstrucción física. Sin embargo, considera poco probable un cierre prolongado debido a los intereses internacionales, especialmente de Estados Unidos, que busca evitar un aumento en los precios del petróleo y la inflación.
La situación también tiene un impacto directo en Argentina. El país podría beneficiarse del aumento en los precios globales del crudo, gracias a su capacidad exportadora desde Vaca Muerta. Actualmente, el petróleo argentino se vende a unos 70 dólares por barril, pero una suba internacional podría mejorar la rentabilidad de sus proyectos energéticos y acelerar las inversiones.
Sin embargo, no todo es positivo para Argentina. El aumento del petróleo también presionaría los costos internos, afectando directamente el precio de los combustibles y generando un efecto inflacionario en productos esenciales.
En los mercados financieros, la tensión ya se está sintiendo. Los futuros del petróleo podrían subir entre 5 y 10 dólares, mientras que las bolsas mundiales podrían registrar caídas de hasta un 2%. La aversión al riesgo crece, y los inversores están preparándose para un escenario de volatilidad prolongada.
En resumen, el conflicto en el Estrecho de Ormuz no solo amenaza la estabilidad energética global, sino que también tiene ramificaciones económicas y políticas que podrían extenderse mucho más allá de Medio Oriente.





