El tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz sigue prácticamente paralizado una semana después de que Estados Unidos e Irán anunciaran un alto al fuego de dos semanas para facilitar el paso de barcos. En lugar de relajar la situación, las tensiones han aumentado tras las exigencias de Teherán de que los buques coordinen su paso con las fuerzas iraníes e, incluso, paguen un peaje. El presidente estadounidense, Donald Trump, calificó estas condiciones de "extorsión" y anunció este domingo que Estados Unidos bloqueará los barcos que entren o salgan de puertos iraníes, poniendo aún más presión sobre la frágil tregua.
Irán, sin embargo, sigue teniendo una ventaja clave: su dominio geográfico sobre el estrecho. Durante seis semanas de conflicto, las fuerzas iraníes han bloqueado casi por completo el tráfico marítimo mediante el despliegue de minas y el aprovechamiento de la estrechez de las rutas de navegación. A pesar del bloqueo estadounidense, estas tácticas permiten a Irán mantener un fuerte control sobre quién cruza el estrecho y bajo qué condiciones.
El riesgo asociado al paso por el estrecho, más que cualquier orden formal, es lo que ha mantenido alejados a los barcos. Según datos de la empresa Kpler, solo siete buques han cruzado el estrecho diariamente desde el alto al fuego, en comparación con los más de 130 que lo hacían antes del conflicto. Lars Jensen, experto en transporte marítimo de la consultora Vespucci Maritime, señaló que el alto al fuego "no ha cambiado absolutamente nada".
El Estrecho de Ormuz es una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, ya que por él transita alrededor del 20% del petróleo global y gran parte del comercio de gas natural licuado. Su geografía lo hace especialmente vulnerable: los barcos deben navegar por dos estrechos carriles de apenas dos millas de ancho, lo que los expone a ataques con misiles, minas marinas y embarcaciones pequeñas. Además, la costa iraní, con su terreno elevado y pequeñas islas, ofrece puntos estratégicos para la vigilancia y el lanzamiento de ataques.
Las minas marinas han sido un factor psicológico clave para disuadir a los barcos. Según expertos, limpiar las rutas de navegación podría tomar varias semanas. Además, Irán ha ordenado a los buques desviarse alrededor de la isla Larak, lo que permite a sus fuerzas inspeccionar los barcos y cobrar peajes por el paso seguro.
Aunque no se han registrado ataques desde el anuncio del alto al fuego, el riesgo sigue siendo el principal obstáculo para el tráfico marítimo. Más de 700 barcos permanecen atrapados en el Golfo, según datos de Windward. La naviera Hapag-Lloyd confirmó que sigue evitando el paso por el estrecho debido a la volatilidad de la situación.
Para que el tráfico vuelva a la normalidad, los operadores marítimos necesitan confiar en que el alto al fuego se mantendrá y que Irán no atacará a los barcos en tránsito. Sin embargo, Teherán tiene interés en mantener cierto control sobre el estrecho, ya que es una de sus pocas palancas de presión en el conflicto. Según los analistas, cualquier intento de seguir restringiendo el tránsito podría poner en peligro la tregua.
La situación sigue siendo crítica, y la comunidad internacional observa con preocupación cómo se desarrolla este punto caliente estratégico en medio de una guerra que parece lejos de terminar.





