Soldado ucraniano pierde pierna pisando mina rusa oculta en campo de girasoles

Soldado ucraniano pierde pierna pisando mina rusa oculta en campo de girasoles

La guerra en Ucrania sigue provocando devastación indiscriminada, con el uso masivo de minas antipersona y armas químicas prohibidas internacionalmente. Estos dispositivos mortales, especialmente las minas conocidas como “mariposas”, han dejado cientos de víctimas civiles y militares, mutilando y cobrando vidas en un conflicto que ya lleva más de cuatro años.

Entre las armas más letales está la PFM-1, una mina soviética apodada “mariposa” por su forma. Estas minas, dispersadas desde helicópteros o lanzadas desde obuses, se camuflan fácilmente en el terreno, siendo casi imposibles de detectar. Según estimaciones, hay más de un millón de estas trampas explosivas esparcidas a lo largo de los 1.500 kilómetros del frente ucraniano. Organizaciones internacionales han alertado que estas minas no solo matan o mutilan a combatientes, sino también a civiles inocentes, especialmente niños, y bloquean el acceso a tierras agrícolas y ayuda humanitaria.

Aunque la Convención de Otawa sobre la Prohibición de Minas Antipersona ha sido firmada por 162 países, Rusia nunca la ratificó. Además, Estonia, Lituania, Letonia, Polonia y Finlandia han comenzado a retirarse del tratado, aumentando las preocupaciones sobre el futuro del desarme global. Ucrania, por su parte, ha suspendido parcialmente su adhesión debido a la guerra.

Pero las minas no son el único problema. Rusia ha sido acusada de utilizar cloropicrina, un gas asfixiante prohibido por la Convención de Armas Químicas. Este compuesto, usado como insecticida en tiempos de paz, provoca intensa irritación al ser inhalado. Tropas rusas han empleado este gas para desalojar a defensores ucranianos de sus trincheras, exponiéndolos a ataques mortales. Aunque Moscú niega su uso, servicios de inteligencia de Países Bajos, Alemania y Estados Unidos han corroborado estas denuncias.

El conflicto también ha visto el uso sistemático de bombas de racimo, como la RBK-500, que libera 268 submuniciones al detonar. Estas armas, conocidas por su alto índice de municiones sin explotar que permanecen activas como minas, han sido lanzadas sobre áreas civiles, incluyendo Bucha y Avdivka, lugares ya marcados por la tragedia.

La fiscalía ucraniana ha registrado más de 152.000 crímenes de guerra desde el inicio de la invasión rusa en 2022, incluyendo 3.132 casos relacionados con minas antipersona y 62 por armas químicas. Mientras tanto, la comunidad internacional sigue buscando formas de investigar y sancionar estas violaciones del Derecho Internacional Humanitario, aunque el panorama sigue siendo sombrío.

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