Ucrania enfrenta una nueva crisis energética tras un devastador ataque ruso que golpeó infraestructuras críticas en pleno invierno. Moscú lanzó más de 70 misiles y 450 drones en una ofensiva coordinada que duró varias horas, dirigida principalmente a centrales eléctricas y subestaciones en Kiev y otras regiones clave del país.
El ataque, uno de los más intensos del invierno, aprovechó las temperaturas más frías para aumentar el impacto sobre la población civil. Las zonas afectadas incluyen Kiev, Sumy, Járkov, Dnipró, Odesa y Vinnytsia. Al menos nueve personas resultaron heridas, y los daños colaterales incluyen incendios en edificios residenciales, viviendas particulares destruidas e incluso un jardín de infancia gravemente afectado.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha denunciado el ataque como un acto de "terrorismo climático", acusando a Rusia de usar la guerra energética para presionar a la población civil en lugar de buscar soluciones diplomáticas.
En medio de la crisis, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, llegó a Kiev para reunirse con Zelenski y evaluar las necesidades urgentes de defensa de Ucrania. Su visita coincide con un llamado del gobierno ucraniano a sus socios internacionales para reforzar los sistemas de defensa aérea y aumentar la presión sobre Rusia.
El ataque incluyó una combinación de misiles balísticos y drones, destacando la necesidad de proteger las infraestructuras energéticas durante los meses más fríos del año. Las autoridades ucranianas han reiterado que, sin un apoyo internacional inmediato y una presión máxima sobre Moscú, la guerra podría prolongarse indefinidamente.
Este nuevo capítulo en el conflicto subraya la vulnerabilidad de Ucrania frente a las tácticas militares rusas, especialmente en un momento en el que la supervivencia energética del país depende de la capacidad para proteger sus instalaciones clave.




