Rusia ha comenzado a utilizar vehículos terrestres no tripulados (UGV) equipados con potentes lanzadores de artillería termobárica en su guerra contra Ucrania, en un intento por adaptarse al dominio de los drones en el campo de batalla. Este nuevo sistema, denominado Malvina-M, fue observado en pruebas realizadas por las fuerzas rusas, según imágenes publicadas el 19 de enero por un canal ucraniano de Telegram.
El Malvina-M integra los rieles guía de 220 mm del sistema termobárico TOS-1A Solntsepek, un arma conocida por su capacidad para generar explosiones masivas de sobrepresión y calor extremo al dispersar y encender una nube de aerosol explosivo. Estas armas, también llamadas "bombas de vacío", son especialmente efectivas para destruir estructuras fortificadas como búnkeres y trincheras.
Sin embargo, el uso de sistemas termobáricos tradicionales, como el TOS-1A, implica riesgos significativos. Estos vehículos, montados sobre chasis de tanques, son grandes, costosos y lentos, lo que obliga a las fuerzas rusas a acercarlos a unos seis kilómetros de la línea del frente. Esta proximidad los hace vulnerables a los ataques de drones ucranianos, que han demostrado ser una amenaza constante para el equipo militar ruso.
La adaptación de estas armas a vehículos no tripulados parece ser una respuesta táctica de Rusia para reducir las pérdidas humanas y de equipo en el conflicto. A medida que la guerra continúa, la innovación en el campo de batalla sigue siendo un factor clave para ambas partes.
Este desarrollo tecnológico subraya la evolución de la guerra moderna, donde la automatización y los drones están redefiniendo las estrategias militares. La implementación de sistemas como el Malvina-M podría tener implicaciones significativas en el equilibrio de fuerzas en el conflicto entre Rusia y Ucrania.





