República Dominicana se perfila como pieza clave en la guerra global por minerales estratégicos
Washington se ha convertido en el escenario donde República Dominicana negocia su entrada al exclusivo club de proveedores de minerales críticos para EE.UU. y sus aliados. El país caribeño, con vastos yacimientos de tierras raras, busca posicionarse como un socio confiable en medio de la creciente rivalidad entre potencias por el control de estos recursos esenciales para la tecnología y la defensa.
Una delegación de alto nivel, encabezada por el canciller Roberto Álvarez y el ministro de Energía y Minas, Joel Santos, participó esta semana en la primera Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos convocada por el gobierno estadounidense. El mensaje fue claro: Washington quiere reducir su dependencia de China y busca aliados en América Latina.
"Las tierras raras dominicanas pertenecen al pueblo, pero su explotación responsable puede ser un motor económico", recordó el secretario de Estado Marco Rubio, retomando declaraciones de su visita a Santo Domingo en 2024. El vicepresidente J.D. Vance añadió urgencia al llamado: "Necesitamos cadenas de suministro seguras y socios estables".
El gobierno de Luis Abinader ha acelerado los preparativos. En agosto de 2024 creó la Empresa Minera Dominicana (EMIDOM) para ordenar el sector y atraer inversiones. "No se trata solo de extraer, sino de convertirnos en un referente de minería sostenible", insistió el presidente en su discurso de rendición de cuentas este año.
El interés de EE.UU. no es casual. Las tierras raras son vitales para fabricar desde smartphones hasta misiles, y República Dominicana podría ser una alternativa a la dominación china del mercado. En paralelo a la cumbre, la delegación se reunió con think tanks y empresas en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), donde se discutieron inversiones y alianzas público-privadas.
Con la embajadora María Isabel Castillo reforzando la presencia diplomática, el país apuesta a convertir sus recursos subterráneos en una palanca de desarrollo. Pero el reto es grande: equilibrar las demandas globales con estándares ambientales y beneficios reales para su población. La partida geopolítica por estos minerales acaba de ganar un jugador inesperado.





