El presidente ruso, Vladímir Putin, ha aterrizado en Pekín para una visita de Estado que refuerza los crecientes lazos entre Rusia y China. Este encuentro ocurre apenas cuatro días después de que el expresidente estadounidense Donald Trump concluyera su propia visita a China, lo que confirma a Pekín como epicentro de la geopolítica mundial. Putin llega con el objetivo de consolidar el eje Pekín-Moscú, una alianza que ha resistido tensiones comerciales, disputas sobre Taiwán y sanciones internacionales. "Nuestras relaciones han alcanzado niveles verdaderamente sin precedentes", declaró Putin antes de su llegada.
Las diferencias en el trato que reciben los líderes internacionales en China saltan a la vista. Mientras Trump ha intentado ganarse la confianza del presidente chino, Xi Jinping, refiriéndose a él como "un buen amigo", Putin disfruta de una relación más cálida y cercana. Los dos líderes se llaman mutuamente "gran amigo" y "viejo amigo", y han celebrado encuentros en más de 40 ocasiones en las últimas dos décadas. Esta será la vigésimoquinta visita de Putin a China, un gesto que subraya la solidez de su alianza.
El Kremlin ha adelantado que Putin buscará actualizar a Xi sobre los temas discutidos con Trump durante su reciente reunión. Esta práctica refleja el nivel de confianza entre ambos países. Medio siglo atrás, la visita del presidente estadounidense Richard Nixon a Pekín marcó un hito diplomático al evitar que China y Rusia se acercaran. Sin embargo, la estrategia de Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, de "desunir" a ambos países parece ahora más utópica que nunca, dada la creciente sintonía entre Pekín y Moscú.
El objetivo común de Rusia y China es reducir la influencia de Occidente y promover cambios globales significativos. Para ello, fortalecen organizaciones alternativas como los BRICS y trabajan juntos en asuntos clave como el comercio, la seguridad energética y la promoción de un mundo multipolar. En el Consejo de Seguridad de la ONU, ambos países han unido fuerzas para oponerse a las sanciones contra Irán, lo que ha fortalecido su posición internacional. China proyecta una imagen de potencia responsable, mientras Rusia aprovecha las crisis para expandir su mercado energético en Asia.
En el ámbito económico, la cooperación energética será un tema central durante la visita de Putin. Las exportaciones rusas de petróleo a China han aumentado un 35% en lo que va del año, según datos revelados por Yuri Ushakov, asistente del líder ruso. Además, ambos países negociarán el desarrollo del oleoducto Power of Siberia 2, un proyecto estratégico que sigue retrasado por disputas sobre precios. Rusia, debilitada por las sanciones occidentales tras su invasión de Ucrania, depende cada vez más de China como su principal socio comercial.
Esta visita coincide con el 25 aniversario del Tratado de Amistad Sino-rusa, un pacto que ha servido como pilar para la cooperación entre ambos países. Aunque China busca diversificar sus fuentes de energía para evitar la dependencia excesiva de Rusia, la actual crisis en Oriente Medio podría impulsar una mayor colaboración entre ambos gigantes. Con su alianza estratégica consolidada, Rusia y China avanzan firmes hacia su objetivo común: un mundo en el que Occidente tenga un papel menos dominante.





