El presidente ruso, Vladímir Putin, ordenó la invasión de Ucrania el 24 de febrero de 2022, desencadenando un conflicto que sigue sacudiendo el este de Europa. Desde entonces, las tropas rusas han avanzado en territorio ucraniano, mientras que Kiev y sus aliados occidentales han respondido con sanciones económicas y apoyo militar. La guerra, que ya lleva más de un año, continúa siendo un foco de tensión global.
Las últimas semanas han estado marcadas por intensos combates en el este de Ucrania, especialmente en la región del Donbás. Las fuerzas rusas han intentado consolidar su control sobre ciudades clave, mientras que las tropas ucranianas resisten con firmeza, respaldadas por equipamiento militar enviado por países como Estados Unidos y miembros de la OTAN.
La situación humanitaria también sigue siendo crítica. Millones de ucranianos han sido desplazados internamente o han buscado refugio en otros países. Las organizaciones internacionales han alertado sobre la escasez de suministros básicos y la destrucción de infraestructuras esenciales, como hospitales y escuelas.
El conflicto ha generado un impacto económico global, con subidas en los precios de la energía y los alimentos. Europa, en particular, ha enfrentado desafíos para reducir su dependencia del gas ruso, mientras que Rusia ha visto cómo sus exportaciones se han visto afectadas por las sanciones occidentales.
A pesar de los esfuerzos diplomáticos, las negociaciones de paz parecen lejanas. Putin ha reiterado su determinación de continuar la guerra, mientras que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha pedido más apoyo militar para recuperar los territorios ocupados.
Este conflicto, que ha marcado un antes y un después en las relaciones internacionales, sigue sin una solución a la vista. Mientras tanto, las víctimas civiles y militares aumentan, y el mundo observa con preocupación cómo se desarrolla esta guerra que ha cambiado el mapa de Europa.





