La princesa heredera de Noruega, Mette-Marit, enfrenta un grave deterioro en su salud, lo que ha llevado a la familia real a tomar medidas urgentes. Diagnosticada en 2018 con fibrosis pulmonar crónica, una enfermedad incurable y progresiva, su condición ha empeorado significativamente en las últimas semanas, según confirmó su esposo, el príncipe Haakon. Este nuevo episodio ha obligado a cancelar parte de la agenda oficial de la familia real, incluyendo la reducción de un viaje diplomático a Japón y el regreso anticipado de su hija, la princesa Ingrid Alexandra, desde Australia.
La Casa Real noruega anunció el 29 de mayo que Haakon acortaría su visita a Japón, inicialmente programada del 1 al 4 de junio, para regresar a Noruega y estar al lado de su esposa. La etapa del viaje prevista para Hachinohe fue cancelada, limitándose los actos oficiales a Tokio. Este viaje tenía un fuerte componente económico y diplomático, destinado a reforzar la cooperación entre Noruega y Japón en sectores clave como el marítimo, la defensa y la digitalización.
El príncipe Haakon no ha ocultado su preocupación, afirmando que Mette-Marit está "seriamente enferma" y que su estado ha empeorado notablemente en las últimas semanas. La princesa heredera requiere ahora oxígeno en su vida diaria, una situación que se ha hecho evidente en sus recientes apariciones públicas. La gravedad de su condición ha llevado a especulaciones sobre la posibilidad de un trasplante de pulmón, aunque Haakon ha evitado confirmar plazos o decisiones médicas definitivas, dejando tales consideraciones en manos de los especialistas.
El deterioro de Mette-Marit ha afectado también los planes de la siguiente generación de la familia real. Ingrid Alexandra, segunda en la línea de sucesión al trono, interrumpirá temporalmente sus estudios en relaciones internacionales y economía política en Sídney para estar junto a su madre en Noruega. Aunque no está claro cuánto tiempo permanecerá en el país, se espera que retome más adelante su formación en Australia.
La situación de Mette-Marit se suma a los problemas de salud de los reyes Harald y Sonia, quienes también han enfrentado complicaciones médicas en los últimos años. La reciente hospitalización de la reina Sonia por problemas cardíacos ha aumentado la sensación de fragilidad en la familia real, que además experimenta una fuerte presión mediática.
Haakon ha intentado equilibrar sus compromisos oficiales con su vida familiar, cumpliendo con su agenda en Japón pero priorizando su regreso a Noruega. "Es importante estar con Mette", declaró, evidenciando un cambio en el tono de la Casa Real, que ahora aborda públicamente la salud de la princesa heredera como una preocupación prioritaria. La enfermedad de Mette-Marit ha dejado de ser un tema tratado con discreción institucional para convertirse en un asunto de interés público y familiar.





