Perú se enfrenta este domingo a una crucial elección presidencial entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, dos candidatos que polarizan a un país sumido en la crisis política y económica. Cerca de 27 millones de peruanos están llamados a decidir quién ocupará el Palacio Pizarro a partir del 28 de julio, en medio de un clima de desánimo y desconfianza hacia la política.
Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular e hija del exautócrata Alberto Fujimori, busca por cuarta vez la presidencia, apelando al legado de su padre, quien gobernó en los años 90 y acabó encarcelado por violaciones a los derechos humanos. Por su parte, Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, representa una alternativa crítica al gobierno de Pedro Castillo, destituido en diciembre de 2022 tras intentar disolver el Congreso dominado por el fujimorismo.
En la primera vuelta, Fujimori obtuvo el 17% de los votos, mientras que Sánchez logró el 13%, reflejando la fragmentación y el descontento de una sociedad que enfrenta una elección entre dos opciones poco populares. Las encuestas previas muestran una ligera ventaja para Fujimori, pero el margen de error sugiere que la carrera está muy reñida. Además, más del 20% del electorado podría decidirse entre el voto en blanco, la anulación de la papeleta o asistir a votar en el último momento, lo que podría definir el resultado.
El contexto político peruano está marcado por una profunda crisis institucional. En los últimos años, cuatro presidentes han sido destituidos o han renunciado, incluyendo a Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra y Manuel Merino. La figura que asuma la presidencia enfrentará un Congreso con una aprobación ciudadana del 1%, pero que ejerce un poder de facto desde hace casi una década, lo que ha llevado a algunos analistas a hablar de un "parlamentarismo de facto".
La campaña ha estado dominada por discursos polarizadores. Fujimori ha sido respaldada por sectores conservadores, incluyendo al exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, quien ha advertido sobre un "comunismo inexistente". Sánchez, por su parte, ha sido criticado por su supuesta inclinación hacia la izquierda, a pesar de comprometerse a no realizar cambios económicos radicales.
La violencia urbana y la desigualdad también son temas centrales en esta elección. El estado de emergencia sigue vigente en varias regiones del sur del país debido al aumento de la criminalidad. Además, la pobreza afecta a cerca de nueve millones de personas en un país donde casi el 30% gana el salario mínimo de 285 euros.
En un país dividido, los jóvenes también juegan un papel clave. En 2025, casi 38.000 adolescentes se convirtieron en madres, muchas de ellas víctimas de violencia sexual y falta de acceso a servicios de salud. Este sector del electorado, influenciado por las redes sociales, tendrá un impacto decisivo en el resultado.
La elección no solo definirá el futuro político de Perú, sino que también pondrá a prueba la capacidad del país para superar una crisis que ha devorado a sus líderes y dejado a la sociedad en un estado de desconfianza y desesperanza.





