El conflicto del Sáhara Occidental sigue en punto muerto después de que el Consejo de Seguridad de la ONU renovara en octubre pasado el mandato de la Misión para el Referéndum (Minurso), pero vinculando por primera vez su labor al plan de autonomía propuesto por Marruecos. Este giro, respaldado por Estados Unidos, ha sido interpretado como un apoyo internacional a Rabat, aunque también se reconoce el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. A casi tres meses de la resolución 2792, no se han registrado avances concretos, según denuncia el Frente Polisario.
Marruecos celebró la resolución como un logro diplomático, alimentando expectativas de avanzar en su propuesta de autonomía para el territorio, una excolonia española. Sin embargo, hasta ahora no se han convocado nuevas rondas de negociaciones ni se ha detallado el plan marroquí, lo que ha generado críticas por parte del Polisario. Abdulah Arabi, representante del movimiento saharaui en España, afirma que Rabat está utilizando táctica dilatorias para evitar un proceso negociador concreto. Además, acusa al gobierno marroquí de reforzar su control en la región a través de inversiones y proyectos económicos que desplazan a la población local.
La situación ha llamado la atención de Estados Unidos, cuya administración parece interesada en acelerar una solución al conflicto. Este escenario podría obligar a Marruecos a presentar propuestas más detalladas, aunque también existe el riesgo de que el proceso sea pilotado por Washington, relegando a un segundo plano a Naciones Unidas y a la Minurso, que enfrenta recortes presupuestarios y limitaciones operativas. Para Arabi, la clave sigue siendo un referéndum que permita al pueblo saharaui decidir entre la autonomía o la autodeterminación.
Mientras tanto, en el ámbito africano, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) ha presentado su candidatura para un escaño en el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana, compitiendo directamente con Marruecos. Este proceso refleja la consolidación de la RASD en el continente, a pesar de que Rabat niega su existencia. Las elecciones tendrán lugar en febrero y podrían añadir otro capítulo a esta larga disputa internacional.
En las cercanas Islas Canarias, territorio español, también se vigila con atención el conflicto. La posible expansión marroquí en el Sáhara Occidental plantea desafíos económicos y estratégicos para el archipiélago, especialmente en áreas como el turismo, la pesca y el control de recursos naturales, incluidas las tierras raras submarinas. La proximidad geográfica entre ambas regiones, a apenas 100 kilómetros, aumenta la relevancia de este conflicto para España y Europa.





