Colombia ha reconocido la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, territorio sirio ocupado desde 1967, en una decisión que alinea al país con Estados Unidos y marca un giro en su política exterior. Este movimiento se produce apenas tres días después de que Abelardo de la Espriella asumiera la presidencia, y coincide con otro anuncio polémico: el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, otro territorio en disputa.
Las decisiones han generado críticas tanto a nivel nacional como internacional, especialmente en un momento en que Colombia enfrenta las graves consecuencias de un terremoto de 7.4 grados que ha dejado más de 130 muertos. En lugar de centrarse en la emergencia, el gobierno anunció el traslado de su embajada a Jerusalén y habló de un "nuevo comienzo" en sus relaciones con Marruecos.
La Cancillería colombiana justificó su apoyo a Israel afirmando que el control del Golán es "esencial para su defensa" frente a "desafíos existenciales". Con esta postura, Colombia se convierte en el segundo país del mundo, después de Estados Unidos, en legitimar la anexión israelí del Golán, una medida declarada "nula y sin efecto" por la ONU.
En paralelo, el vicepresidente José Manuel Restrepo defendió el reconocimiento de Marruecos como una oportunidad para un tratado de libre comercio y nuevas inversiones. Sin embargo, el Frente Polisario, que lucha por la independencia del Sahara Occidental, calificó la decisión como un "pacto transaccional".
El contraste entre la militarización interna y el servilismo externo del gobierno no ha pasado desapercibido. Mientras el alcalde de Cali decretaba un toque de queda para prevenir saqueos tras el terremoto, el presidente De la Espriella dedicaba sus esfuerzos a legitimar ocupaciones coloniales. Esta estrategia refleja una política regional que prioriza los intereses imperialistas sobre las necesidades de la población.
Este nuevo rumbo diplomático representa un alejamiento de la postura anterior de Colombia, que bajo el gobierno de Gustavo Petro había suspendido relaciones con Israel en 2024 y reconocido a la República Árabe Saharaui Democrática. Ahora, Colombia se posiciona como un aliado clave de Estados Unidos, Israel y Marruecos, en un claro giro hacia la derecha en el escenario global.
La tragedia del terremoto ha dejado al descubierto las prioridades del nuevo gobierno, que parecen más enfocadas en complacer a las potencias internacionales que en atender a las víctimas y damnificados. En momentos de crisis, estas decisiones refuerzan la necesidad de una perspectiva internacionalista que enfrente las ocupaciones coloniales y cuestione las alianzas que perpetúan la desigualdad.

