Un niño ucraniano de 12 años sobrevivió por segundos al ataque de un dron ruso mientras podaba un árbol en su jardín. Anatolii Prokhorenko escuchó el zumbido mortal del artefacto explosivo cuando cortaba una rama dañada en Chernihiv, una ciudad al norte de Ucrania que sufre bombardeos casi diarios.
Los drones comerciales modificados como armas se han convertido en una pesadilla para civiles ucranianos. Estas máquinas voladoras, equipadas con cámaras y explosivos, son manejadas a distancia por operadores rusos que cazan objetivos incluso lejos del frente de batalla.
"Pensé que era una avispa al principio", relató el menor, quien saltó del peral instantes antes de que el artefacto impactara contra el tronco. La explosión destrozó el árbol y dejó un cráter de medio metro en el patio de su vecino.
Las fuerzas de Putin han intensificado el uso de estos drones baratos pero letales contra población civil, según denunció esta semana el gobierno de Kiev. Solo en abril, al menos 17 civiles murieron en ataques similares en regiones alejadas del combate.
El incidente ocurrió el mismo día que Moscú lanzó una ola de misiles contra infraestructura energética ucraniana, dejando sin luz a dos millones de personas. Expertos militares advierten que Rusia está probando tácticas de terror psicológico antes de una posible ofensiva de verano.
Anatolii, ahora traumatizado, dice que ya no juega al aire libre. "Mi hijo revisa el cielo cada cinco minutos", confesó su madre, Oksana, mientras mostraba los restos carbonizados del árbol donde el niño solía refugiarse de la guerra.





