Nicaragua ha endurecido sus políticas migratorias al restablecer el requisito de visa para ciudadanos de 128 países, entre ellos Cuba, Venezuela, China, Irán, Siria, Haití y varias naciones africanas. Esta decisión, anunciada el pasado viernes, tiene lugar en medio de presiones de Estados Unidos para frenar la migración irregular hacia su territorio desde Managua, donde muchos utilizaban el país como puente de entrada.
El gobierno del presidente Daniel Ortega, en el poder desde 2007 junto a su esposa y compañera de gobierno Rosario Murillo, ha implementado una serie de medidas significativas desde la caída de su aliado Nicolás Maduro en Venezuela el pasado enero. Entre ellas destacan la excarcelación de presos políticos y el nombramiento de una nueva encargada de negocios en Washington, acciones interpretadas por analistas como intentos de acercamiento a Estados Unidos.
Nicaragua había mantenido políticas de puertas abiertas en los últimos años, incluyendo acuerdos de libre visado con Cuba y países africanos, lo que Estados Unidos calificó como "preocupante". La nueva medida busca frenar el flujo migratorio irregular que se originaba principalmente en vuelos chárter desde África, Asia y Europa con destino final a Estados Unidos.
En enero, el gobierno nicaragüense liberó a decenas de personas, entre ellas presos políticos, coincidiendo con el 19º aniversario de la llegada al poder de Ortega. Esto ocurrió un día después de que la embajada estadounidense en Managua recordara la existencia de "más de 60 personas injustamente detenidas o desaparecidas" en el país. Washington ha insistido en la necesidad de una "liberación incondicional" de los presos y ha criticado duramente el control del gobierno de Ortega-Murillo, tildándolo de "dictadura".
Rosario Murillo, designada copresidenta desde febrero de 2025 mediante una reforma constitucional, ha mantenido un perfil bajo y no ha emitido declaraciones públicas en este contexto. Estados Unidos la ha acusado de consolidar un control "ilegítimo" sobre Nicaragua y la ha calificado de "cobarde".
Por su parte, Daniel Ortega ha moderado su tradicional retórica antiimperialista desde la captura de Maduro, aunque ha defendido la soberanía de Venezuela y ha exigido el cese de las amenazas contra Cuba. En un cambio estratégico, Nicaragua nombró a Guisell Morales como nueva encargada de negocios en Estados Unidos, donde no tiene embajador desde febrero de 2024.
Analistas del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam) sugieren que estas acciones podrían indicar un intento del gobierno nicaragüense de negociar con Washington tras la pérdida de su aliado en Venezuela. Luis Fley, dirigente de la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), afirmó que el régimen de Ortega-Murillo teme principalmente a la presión norteamericana y ahora tiene en Maduro "un espejo en qué verse".
El endurecimiento de las políticas migratorias y los cambios en el enfoque diplomático de Nicaragua reflejan un momento crucial para el país, que busca equilibrar sus relaciones internacionales en un contexto regional cambiante y bajo la presión constante de Estados Unidos.





