El ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de México, Hugo Aguilar, ha protagonizado una polémica después de que un video mostrara a dos colaboradores limpiándole los zapatos tras un derrame de café. El incidente ocurrió frente al Teatro de la República en Querétaro, donde Aguilar participaba en un acto oficial previo al aniversario de la Constitución mexicana. Las imágenes, difundidas por medios nacionales, han generado un intenso debate en redes sociales y han sido comparadas con un episodio similar ocurrido en 2018, cuando el entonces primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, decidió limpiar él mismo un derrame de café en el Parlamento neerlandés.
En el video se observa a la titular de Comunicación Social de la SCJN, Amanda Pérez Bolaños, y a otro colaborador agacharse para limpiar los zapatos del ministro. Aguilar permaneció de pie durante el incidente, lo que ha sido interpretado por algunos como un gesto de arrogancia. Horas después, el ministro publicó un mensaje en su cuenta de X para explicar lo sucedido y ofrecer una disculpa pública. Aguilar aseguró que no se percató inmediatamente del derrame y que cuando lo hizo, pidió a la funcionaria que no continuara con la limpieza. Además, reiteró que el episodio no refleja su comportamiento ni el de la institución que dirige.
El caso ha resonado fuertemente en México, un país donde las acciones de las figuras públicas suelen ser analizadas bajo el microscopio de la opinión popular. La comparación con Mark Rutte ha añadido una dimensión internacional a la controversia. En 2018, Rutte ganó aplausos y elogios después de limpiar personalmente un café que derramó al entrar al Parlamento neerlandés. El gesto fue celebrado como un ejemplo de humildad y responsabilidad, características que han sido cuestionadas en el caso de Aguilar.
Mark Rutte, actual secretario general de la OTAN, tiene una larga trayectoria política en Países Bajos, donde fue primer ministro durante 14 años. Su estilo pragmático y su capacidad para resolver situaciones cotidianas han sido parte de su marca personal. En contraste, la escena protagonizada por Aguilar ha sido interpretada como un símbolo de las desigualdades y jerarquías que aún persisten en México, un país donde los funcionarios de alto rango suelen estar rodeados de colaboradores que se encargan de tareas consideradas menores.
La polémica ha trascendido las redes sociales y ha llegado a los principales medios de comunicación mexicanos, donde se ha discutido ampliamente el significado del incidente. Mientras algunos defienden a Aguilar, argumentando que fue un malentendido, otros critican su falta de reacción inmediata y lo contrastan con el ejemplo de Rutte. Este episodio, aunque aparentemente trivial, ha vuelto a poner sobre la mesa cuestiones relacionadas con el liderazgo, la humildad y la percepción pública de los funcionarios en México y más allá de sus fronteras.





