El gobierno de México reiteró este lunes su respaldo al pueblo de Cuba y confirmó que continuará enviando ayuda humanitaria, incluida la asistencia energética, en medio de la profunda crisis que atraviesa la isla tras el endurecimiento de las sanciones estadounidenses. La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que México no puede ser indiferente ante la situación que enfrenta la población cubana y subrayó que la solidaridad debe prevalecer por encima de diferencias políticas o ideológicas.
Durante su conferencia matutina, la mandataria sostuvo que el apoyo a Cuba responde a principios históricos de fraternidad del pueblo mexicano. Señaló que las sanciones impuestas por Estados Unidos, particularmente aquellas dirigidas a países que suministren petróleo a la isla, han generado un impacto injusto y directo sobre la población civil. En ese contexto, aseguró que su administración mantiene gestiones diplomáticas activas para restablecer el envío de crudo y garantizar la continuidad de la ayuda.
Sheinbaum enfatizó que la postura de México se basa en una visión humanitaria. Afirmó que es posible discrepar de un régimen político sin castigar a su población y advirtió que ningún pueblo debería ser “ahorcado” mediante sanciones económicas. Según explicó, el objetivo del gobierno mexicano es apoyar a quienes enfrentan una emergencia, sin condicionamientos políticos.
En ese marco, la Secretaría de Relaciones Exteriores informó que México envió más de 800 toneladas de ayuda humanitaria a Cuba a través de dos buques de la Armada de México, que zarparon del puerto de Veracruz. El despliegue logístico se realizó mediante los buques “Papaloapan” e “Isla Holbox”, con cargamentos de alimentos básicos y productos de primera necesidad.
El buque “Papaloapan” transporta aproximadamente 536 toneladas de alimentos y artículos de higiene, entre ellos leche líquida, productos cárnicos, galletas, frijol, arroz, atún, sardina y aceite vegetal. Por su parte, el “Isla Holbox” lleva 277 toneladas de leche en polvo. Ambas embarcaciones partieron el domingo 8 de febrero y se prevé que lleguen a territorio cubano en un plazo de cuatro días.
La ayuda mexicana llega en un momento crítico para Cuba, que enfrenta una severa crisis energética y humanitaria. El pasado 29 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que declaró una emergencia nacional respecto a la isla y autorizó la imposición de aranceles y sanciones a países que suministren petróleo, de forma directa o indirecta. Esta decisión ha profundizado las dificultades internas del país caribeño.
Las consecuencias se reflejan en apagones prolongados en amplias regiones, afectaciones a servicios esenciales y una paralización parcial del sistema de salud. Hospitales de todo el país han suspendido cirugías y restringido el traslado de pacientes debido a la escasez de combustible. Personal médico ha advertido que las reservas de diésel apenas alcanzan para horas, mientras que medicamentos y materiales básicos han desaparecido de los inventarios.
La crisis también ha impactado el abastecimiento de alimentos y el transporte público. El racionamiento se ha intensificado y la disponibilidad de proteína es casi inexistente. En varias provincias, las rutas de autobuses y trenes han sido reducidas al mínimo, mientras que algunos servicios, como el ferry hacia la Isla de la Juventud, fueron suspendidos de manera provisional.
El sector turístico, uno de los pilares de la economía cubana, tampoco ha quedado al margen. Hoteles en zonas clave como Cayo Santa María han cerrado de forma abrupta, obligando a reubicar a huéspedes y dejando en incertidumbre a trabajadores y empresas vinculadas al turismo.
Aunque el gobierno cubano descarta oficialmente haber llegado a un colapso total, la percepción entre ciudadanos y empleados públicos es de una situación límite. La combinación de apagones, suspensión de servicios médicos, cierre de hoteles y racionamiento extremo alimenta un clima de incertidumbre, mientras la ayuda internacional, como la enviada por México, se vuelve crucial para aliviar una crisis sin solución inmediata a la vista.





