La represión violenta durante las protestas en Irán ha dejado un saldo escalofriante de hasta 30.000 muertos en apenas 48 horas, según datos filtrados del Ministerio de Salud del país. La cifra, diez veces mayor que la admitida oficialmente, ha convertido esta represión en una de las masacres más sangrientas de la historia moderna.
El informe, publicado por la revista TIME y basado en testimonios de funcionarios iraníes, revela que entre el 8 y 9 de enero, las fuerzas de seguridad iraníes desplegaron tácticas extremas contra los manifestantes. La magnitud de la violencia fue tal que las autoridades se vieron obligadas a utilizar semirremolques para transportar los cadáveres, tras agotarse las bolsas para cuerpos.
Estos hechos ocurrieron en medio de una ola de protestas que comenzaron el 28 de diciembre, impulsadas por el malestar económico y las demandas de cambio político. Las manifestaciones, que se extendieron a unas 4.000 localidades, fueron respondidas con una brutalidad sin precedentes, incluido el uso de francotiradores y ametralladoras pesadas contra civiles.
El régimen iraní, liderado por el Líder Supremo Alí Khamenei, ha intentado minimizar las cifras, afirmando que solo hubo 3.117 muertos. Sin embargo, grupos de derechos humanos y expertos independientes han cuestionado esta versión. El Dr. Amir Parasta, un cirujano germano-iraní que recopiló datos de hospitales, estima que el número real de víctimas podría ser aún mayor, ya que no se incluyen las muertes registradas en hospitales militares.
El horror vivido en Irán ha sido comparado con atrocidades históricas como la masacre de Babyn Yar en 1941, donde los nazis ejecutaron a 33.000 judíos en Ucrania. Expertos en conflictos, como Les Roberts de la Universidad de Columbia, han expresado su asombro por la rapidez y el volumen de muertes en tan solo dos días.
Historias de víctimas han comenzado a emerger a pesar del bloqueo informativo. Sahba Rashtian, una joven artista de 23 años, fue una de las fallecidas. Durante su entierro, su padre la honró como mártir de la libertad, diciendo: “Felicitaciones, mi hija se convirtió en mártir en el camino a la libertad”.
El régimen iraní parece percibir este levantamiento como una amenaza existencial, similar a la Revolución de 1979 que lo llevó al poder. La represión, que ha superado cualquier resistencia previa, ha dejado al país sumido en una crisis de credibilidad internacional y una profunda herida social.





